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Actualizado el 08 de marzo de 2013 a las 12:00 am

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Enrique Krauze, escritor e historiador mexicano, además de biógrafo de Hugo Chávez, ha afirmado que el proyecto e ideología del exlíder venezolano sobrevivirán, como aconteció con el caudillo argentino Juan Domingo Perón.

El oficio de adivino es complejo por cuanto, como nos muestra la realidad de la historia y de la vida, el ser humano carece de poder sobre el futuro. Puede acertar en ciertas ocasiones con base en el estudio, la experiencia y la fuerza de los hechos, pero lo definitivo se le escapa. Esta incapacidad es motivo de angustia y de sufrimiento y ha sido, a lo largo del tiempo, el origen de muchas tragedias, aliada con la soberbia y el poder. Ni siquiera podemos anticipar a ciencia cierta el resultado de un partido de futbol o el de la lotería. Vivimos en el misterio, magno estímulo de la ciencia y motivo de adoración para los santos.

En vista de esta precariedad humana, el juego preferido para el común de los mortales es el “bateo” y lo único cierto para todos es la muerte, la gran niveladora, que el poder desorbitado y la soberbia desconocen y rechazan. Este binomio terrible –soberbia y poder–, que figura en las primeras páginas de la Biblia, en la figura de Eva y la serpiente, es la creencia de que, pese a todo, seremos como dioses. Sabe Dios que el día en que comieres del fruto del árbol serán abiertos vuestros ojos y seréis como dioses, conociendo el mal y el bien'

La gran tentación: el poder ilimitado, la ausencia total de controles, la negación de la responsabilidad (de la respuesta ante los demás o ante otro poder) y de la dignidad humana, la ley como instrumento propio, que se modifica según el propio interés; el concepto del ser humano como simple medio, y de aquí las puertas abiertas para el crimen y la violencia con impunidad total. En fin, el imperio del miedo y de la sumisión. En su real acepción, Dios es amor, respetuoso al máximo de la libertad humana, aun del pecado, siempre en espera y con las puertas abiertas. Su falsificación, en cambio, exige la servidumbre total.

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En el caso de Hugo Chávez, su divinización y su poder total poco habrían logrado, excepto la mofa, sin el manantial constante e incontrolado del dinero derivado del petróleo con el que lo compró todo, aun la pobreza y la dignidad del pueblo. El gobierno chavista fue un un trueque permanente, del que, en verdad, no se sabe qué podrá salir, una vez tronchada por la muerte, la hidra del dinero, aventados los valores y destrozados los vínculos de la convivencia. He aquí el resultado final de una política corrupta en diversos Gobiernos, antes de Chávez, y de la entronización, con Chávez, de la mentira y el dinero. Queda mucho que aprender.

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