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Actualizado el 22 de febrero de 2013 a las 12:00 am

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“Que la población se prepare porque va a haber mucho despelote en las calles en los próximos días. Vamos a hacer un desmadre”. Así habló ayer el director ejecutivo de la Cámara Costarricense de Porteadores, Germán Lobo. Agradezcámosle su transparencia y bondad'

En esta protesta, podrían participar hasta 3.700 vehículos entre porteadores y microbuses. Como nuestras calles son estrechas, “la sorpresa” se llevará a cabo en las horas preferenciales, en la mañana, y como casi todas las vías van a la capital, “el despelote y el desmadre”, según Lobo, serán descomunales.

En realidad, el nuestro es, en materia vial, un país singular. Cualquier hijo de vecino anuncia, desde los medios de comunicación, cualquier disparate o ruptura del orden legal para que prevalezcan sus intereses personales o el de sus asociados. Y nada pasa. No se trata, según nos dicta la experiencia, de una propuesta de diálogo y, mucho menos, de una conversación respetuosa y civilizada, sino, lisa y llanamente, de un chantaje, fundado en el poder del número de asociados y, por lo tanto, en la capacidad de daño que pueden causarle a la gente. La gente es “la población”, esto es, la personas, de acuerdo con el mensaje de Lobo y compañía.

El otro aspecto de estas proclamas delictivas es la ausencia de razones. En este caso, no hay ninguna, pues, como lo señala el propio Lobo, “el desmadre y el despelote” se originan, de acuerdo con su educación cívica, en que el MOPT no les ha adjudicado 1.982 placas de servicio de taxi que “no cumplieron con los requisitos establecidos por el MOPT”. En vista de este “incumplimiento”, Lobo y compañía le dieron 15 días de plazo al ministro Pedro Castro “para que atendiera sus quejas”, pero, este, según ellos, “no resolvió nada”. De este modo, se va a realizar “un despelote y un desmadre”, al mando de Lobo, el líder, porque este y los suyos no quisieron cumplir, a sabiendas de la ilegalidad de sus exigencias.

¿Estado de derecho, o bien estado de “desmadre y despelote”? ¿Respeto a “la población” o chantaje? Cuando este es el dilema, el Gobierno solo tiene dos salidas: darles “la razón” a los revoltosos, o bien respetar, ley en mano, el orden establecido y su autoridad. Si lo primero, abundan las felicitaciones por la recuperación del orden y el triunfo de la democracia, pero, cuando este “triunfo” se funda en el miedo o en las consecuencias del “desmadre”, tarde o temprano retornarán las huelgas o las trampas viales. Y si el Gobierno, por el contrario, impone la ley y la autoridad, como debe ser, “el desmadre, el despelote” y el chantaje son totales. Esta ha sido, por años, nuestra historia. ¿Cuál es, pues, la salida?

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