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Salvemos la CCSS. Este es el grito de guerra del pueblo de Costa Rica. Un grito de guerra contra los privilegios y contra la irresponsabilidad política, fraguados por los gremios, por la indiferencia ciudadana y por los funcionarios públicos incapaces de cumplir con su deber; esto es, de decir que NO. Decir que NO es una de las formas más nobles y firmes de gobernar, al amparo de la ley y de la ética.

Vuelvo sobre este tema porque lo considero de la máxima importancia. Se trata nada menos que de la institución cimera de la solidaridad social y del supremo orgullo de la sociedad costarricense, la CCSS, nuestra mejor carta de presentación ante el mundo porque en ella, en verdad, todo un pueblo, por mandato legal y moral, se hace uno con las necesidades de la gente, en particular de los más pobres, aunque no reciba nada a cambio.

De lo dicho se pueden extraer muchas conclusiones. Me quedo con una: qué terrible crimen atentar contra la estabilidad, las finanzas y el prestigio de esta institución, mediante actos de corrupción, de mala gestión o de la sola indiferencia, como los habidos en tiempos pasados. Me refiero a tres de ellos: el empréstito con Finlandia(al que debe agregarse el crédito español), la mala gestión financiera y administrativa de la década anterior al 2010 y la Ley de Incentivos a los Profesionales en Ciencias Médicas, de 1982, donde el cálculo del salario se realiza sobre todos los ingresos y no sobre la base.

La Asamblea Legislativa tramita, en estos días, una interpretación auténtica de esta ley que, de rechazarse, significaría el derrumbe total de la CCSS, pues hacen fila 2.000 juicios de cobro de parte de los profesionales. Si la CCSS los perdiera, tendría que pagarles a estos profesionales ¢174.000 millones. De estos juicios ya se realizaron 350, que la CCSS perdió, por un monto de ¢3.700 millones.

Algunas preguntas a la conciencia de gobernantes, políticos y profesionales: ¿por qué aprobaron esta ley en 1982 sin efectuar el mínimo cálculo sobre sus consecuencias financieras? ¿Por qué se tramitaron 350 demandas de los profesionales en la CCSS sin medir sus efectos futuros? ¿Por qué el gobierno de ese entonces no presentó un recurso de inconstitucionalidad y, más bien, se dejó llevar por las presiones, el miedo y la demagogia, sin oponer resistencia?

Los privilegios políticos y estatales: uno de los grandes tumores en nuestro país, fruto del miedo a los dirigentes de los gremios, que, junto con la corrupción, desde lo alto, nos ha causado calamidades sin medida en todos los órdenes. La CCSS ha sido una de sus principales víctimas. Estos asaltos no pueden continuar. Salvemos a la CCSS, el corazón del país.

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