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Actualizado el 23 de enero de 2013 a las 12:00 am

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Posiblemente este comentario será objeto de duras críticas por referirse a un sindicato, en este caso la Asociación Nacional de Empleados Públicos y Privados (ANEP). Al parecer, no hay perdón ni complacencia con los políticos, los funcionarios públicos, los empresarios, la empresa privada, las iglesias y algunos medios de comunicación. Y está bien que así sea. Los sindicatos han gozado de un fuero especial.

La ausencia de crítica sumerge a las instituciones y a los partidos políticos en el engaño y el disimulo. La crítica, en cambio, aun implacable, aviva y obliga a permanentes exámenes de conciencia y si, fuese justa, a un proceso rectificación.

A la luz de estas consideraciones, puede afirmarse que una de las causas básicas del descenso intelectual y moral del sindicalismo en Costa Rica ha sido precisamente la falta de crítica interna y externa. La escasa vitalidad del sindicalismo, verificada en su ausencia de competencia, de liderazgo, innovación y desempeño; su petrificación en la rutina dialéctica e ideológica y su distanciamiento de la realidad, cuyos males se enfrentan con manifestaciones callejeras y un discurso cansino, ha llevado al sindicalismo a un estado de postración, urgido, para surgir, de una renovación profunda para ponerse al día.

Una noticia del sábado pasado en este periódico representa una de las llamadas de atención más serias sobre el sindicalismo costarricense. Dice así: “ANEP admite fracaso en proyecto hotelero que costó 379 millones de colones”. La gravedad de la noticia radica no en el monto dilapidado, sino en los antecedentes del proyecto, desprovisto de todo sentido crítico o de responsabilidad, así como en la reacción de algunos dirigentes, una vez conocido y publicado el informe de la empresa Rojas Ceciliano S. A., del año pasado, pagado por la ANEP.

Este informe dice: “El dinero salió del sindicato con cheques que nadie revisó, sin facturas, con falta de estudios técnicos y sin libros contables que registraran los movimientos financieros”. El fiscal de esta firma expresa: “La auditoría la pedí yo porque, cuando solicité los libros contables de la ANEP del año 2000 a la fecha, me dijeron que esos libros no existen”. Las obras se iniciaron sin el permiso de construcción y sin la evaluación de Setena. En fin, se actuó “con absoluto descuido”, según la firma investigadora. Los principales responsables son las más altas autoridades de este sindicato.

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¿Cómo actuó y reaccionó ANEP? Exactamente como ciertos personajes en sonados actos de corrupción en la esfera del Estado y de la política. Esta enfermedad se llama cinismo, que solo se cura con una receta: la humildad y la ética.

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