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Escribo esta columna después de leer con serenidad y responsabilidad ciudadana el informe de la Comisión de Notables, creada por la presidenta de la República, Laura Chinchilla, hace tres meses. Convencido de que este tipo de comisiones no son sino una forma de evasión de los problemas nacionales, inicié la lectura de la mano del método dubitativo de Descartes y de la exigencia de los hechos, mondos y lirondos, del apóstol Tomás frente a la resurrección de Jesús.

Al concluir la lectura reflexiva de las propuestas, la esperanza le ganó la batalla al pesimismo, engendrado, ¡ay dolor!, en tantos años de desilusión. Mis dudas no se han disipado del todo, pues falta aún el tránsito decisivo de las propuestas concretas a su realización en la política nacional. El hecho de que las propuestas de la comisión hayan sido concretas y en su mayoría factibles, hijas de un análisis realista de las necesidades del país, inspirado en principios, y no en sueños de opio o fantasías ideológicas, representa, sin embargo, ya un gran avance. Cedo la palabra a un agudo estudioso de la realidad nacional, Luis Mesalles: “Los principios –dijo el sábado pasado en La Nación– constituyen una base sólida sobre la que discutir”. Principios y hechos, un binomio inseparable. Luego, agregó: “'lo propuesto implica un cambio significativo al sistema democrático que ha funcionado en el país por casi dos siglos”. Gravísimas palabras.

Se requiere, entonces, “un análisis riguroso y pragmático” de las propuestas formuladas, según dijo la presidenta Chinchilla, como síntesis de su buen discurso del jueves pasado, así como de “un gran liderazgo y mucha convicción para impulsar los cambios'”, cuyo “meollo está en convencer al pueblo”, según declaró Luis Mesalles. Y apunto: liderazgo para convencer, una tarea intelectual de primer orden, nutrida en la pasión y en la responsabilidad, pues este informe, tal como declaró el coordinador de esta comisión, Francisco Antonio Pacheco, “no está escrito para nerviosos ni para quienes reaccionan con temor”, tal como reaccionaron, este sábado, al parecer sin leer el documento, precandidatos y diputados de la oposición. Una precandidata dijo: “Las ideas parecen de otro tiempo”. ¿Es que existe alguna idea hoy que no provenga de otros tiempos?

Le confiero a este informe toda la importancia por su contenido, por su realismo y, sobre todo, porque posiblemente sea la última oportunidad, junto con otros aportes, como el reciente del expresidente Figueres, para atacar los grandes y pequeños tumores, comenzando por el funcionamiento de la Asamblea Legislativa y los partidos políticos, que nos han impedido ser lo que merecemos y lo que soñaron nuestros antepasados. Se trata, en síntesis, de un llamado imperioso a la ética política y a la verdad.

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