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Actualizado el 18 de enero de 2013 a las 12:00 am

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Comencemos con una nota de humor: el alcalde del cantón de Limón, Néstor Mattis,

hizo valijas, cerró la oficina bajo siete llaves con todas sus informaciones y datos, les dio días libres a su secretaria y al director general y, el 13 de enero pasado, salió del país. Como expresó la vicealcaldesa, Cynthya Small, “me dejó chinga y nada puedo hacer, y no tengo director ni secretaria, que es quien maneja las claves de la computadora, por lo que el municipio quedará paralizado hasta que él vuelva”.

Es decir, este alcalde ni siquiera ha leído el Código Municipal y, al parecer, no tiene idea de lo que significa ser alcalde y funcionario, al servicio de una comunidad. Si estas y otras denuncias son ciertas, debería ser destituido no por irresponsable, sino por carecer de los conocimientos básicos para ejercer una función pública. ¡Pobre Limón!

Pero, si esta es una nota de humor, estas otras lo son de terror. En un artículo del lunes pasado, el Dr. Nelson Saint-Hilaire Castellanos, expresa que en los locales de algunos partidos políticos debería colocarse un cartel con esta inscripción: “Aquí no admitimos corruptos, aquí los producimos”, dados los múltiples actos de corrupción en el país desde hace varias décadas. Pareciera –dice– que existe “una escuela de formación en hechos delictivos”. Y pone varios ejemplos: Vesco, Fondo de Emergencias, Aviación Civil, préstamo español, préstamo finlandés, Alcatel” y otros. Bueno es recordar estos hechos para que no se crea que en el pasado gobernaron ángeles y que la corrupción nació ayer.

Siendo el autor del citado artículo, eminente anestesiólogo, representante del Hospital San Juan de Dios en la Comisión Médica de la CCSS fue “víctima y testigo” de un acto de corrupción en las compras del equipo médico del préstamo español. “Toda la comisión fue destituida por una autoridad política superior de las oficinas centrales porque habíamos escogido una má- quina de anestesia del concurso licitatorio diferente a la elegida por una comisión técnica de ingenieros y administrativos”. La primera “era de menor precio, mejor calidad y más funcional”. Cito a propósito el préstamo español por cuanto este, a diferencia del préstamo finlandés, quedó sumido con sus denuncias en la oscuridad política y gubernamental. Esta historia debe, por la salud del país, contarse.

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Este es solo un ejemplo. En la prensa diaria afloran denuncias sobre actos indebidos en años anteriores. Algunas, como un famoso crédito italiano, paran los pelos de punta. Y, cuando se indaga, nadie sabe nada. Un baño de anestesia las ha recubierto, o bien alguien, como en la alcaldía de Limón, cerró la oficina, escondió las informaciones y se fue a pasear'

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