Archivo

En Vela

Actualizado el 12 de diciembre de 2012 a las 12:00 am

Archivo

En Vela

Rellene los campos para enviar el contenido por correo electrónico.

¿Cuántos de los trabajadores que, en la empresa privada o en el Estado, disfrutamos del aguinaldo completo en estos días de diciembre, nos acordamos de quienes, pese a ser esta una obligación legal y moral de los patronos, no lo reciben? Y ¿cuántos estarían dispuestos a dar una lucha para poner fin a este incumplimiento?

Digo esto por un deber de lealtad con un grupo de trabajadores que, a finales de noviembre pasado, me visitaron para exponerme esta injusticia social, junto con otras a las que están expuestos estos servidores del Estado o de las instituciones públicas. La razón es simple: se trata de trabajadores no organizados. Lo están las trabajadoras domésticas, pero son muchos los que, por falta de valimiento, sencillamente carecen de defensores y, lo que es peor, por miedo se ven obligados a callar. El miedo: el arma de la injusticia.

El 28 de noviembre pasado leímos en la página 10A de este periódico: “Empleadas domésticas y peones de los sectores agropecuarios y de la construcción sufren más la evasión del aguinaldo”. La mayoría ni siquiera conoce las normas sobre el particular y no cuentan con una asociación que los defienda. Este es el caso, por ejemplo, de la inclusión del salario en especie y de otras injusticias que no forman parte de “las luchas” sociales.

Son otros los que se manifiestan en las calles por cualquier minucia o invención, por protagonismo o por intereses políticos, que algunos califican de promoción democrática.

En la información citada de este periódico se incluyen dos causas principales de este incumplimiento: la falta de dinero de los patronos y los cambios en el contrato laboral, que no son sino excusas innobles o explotación canallesca de los trabajadores, y el miedo, de parte de los trabajadores, de denunciar a los patronos que incumplen, sobre todo cuando se trata de inmigrantes.

El miedo a las represalias o, sencillamente, a la pérdida del trabajo son causales indignas de un régimen democrático o de un sistema humano laboral. Los trabajadores víctimas de este régimen son mucho más numerosos de lo que uno se imagina, lo que pone de manifiesto que el Estado y los partidos políticos han faltado a sus deberes en cuestiones esenciales. Más grave aún, a este tipo de trabajadores se les considera de segunda clase, por lo que viven en la indefensión y en un sistema de flagrante violación de los derechos humanos, que cubre también la recepción del salario mínimo, como lo ha puesto de manifiesto el Ministerio de Trabajo.

PUBLICIDAD

En suma, miedo de hablar o denunciar, o indolencia oficial. Una afrenta contra nuestra democracia.

  • Comparta este artículo
Archivo

En Vela

Rellene los campos para enviar el contenido por correo electrónico.

Ver comentarios
Regresar a la nota