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Actualizado el 19 de octubre de 2012 a las 12:00 am

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Alguien, asustado por los muchos problemas heredados y los que necesariamente surgen con el paso del tiempo, en un mundo convulso, preguntó, en un corro de amigos, cuál es el mayor problema que sufre nuestro país.

La pregunta no tuvo respuesta convincente, pero no por ello debe abandonarse. Renunciar a preguntarse significa abjurar de la razón y de la libertad. Además, el hecho mismo de formularse este tipo de preguntas constituye un avance, aunque no se tenga una respuesta a mano. De mi parte diré que soy la persona menos indicada para responder, pero sí estoy en capacidad, como muchos, de decir que me angustia la facilidad con que hacemos problema de cualquier problema, grande o pequeño, complejo o sencillo, en una carrera que, al parecer, no tiene fin. Por esta vía hacemos problemas de falsos problemas.

Una de las víctimas de este modo de pensar y de hacer –o, mejor, del no querer ver ni oír– es la política actual partidista, que siente horror por las soluciones concretas para resolver algunos problemas del país. En su lugar, prefiere la retórica de los problemas, los falsos problemas o las falsas soluciones. Así, en medio de grandes problemas, se acaba de anunciar la creación de un nuevo partido político para combatir, según ellos, el primer problema del país: el neoliberalismo. Con este cuento muchos profesionales se dedicaron, estos años, a combatir lo que no es, mientras aumentan los verdaderos problemas.

Mientras educadores, estudiantes y padres de familia “vencieron la delincuencia” en el Colegio Técnico Profesional Padre Roberto Evans de Siquirres, tras dos años de refriegas internas, y hoy estudian y trabajan en paz, “el problema” de las fotocopias ha sembrado el desorden y la violencia, y se ha convertido en problema de Estado, y “la reforma laboral” no ha cuajado en siete años, pues, a la postre, se descubrieron las fallas sísmicas que la acompañaron desde el principio por ignorar que el problema sindical costarricense radica en la incultura y viejera intelectual de sus dirigentes.

Profesionales serios han denunciado en estos días “el caótico y desplanificado desarrollo del área metropolitana” durante 30 años, así como “las aberrantes decisiones del INVU”, anuncio del “caos futuro”, en medio de “una telaraña” de proyectos y acuerdos, que nos hace “un ejemplo en el mundo de lo que no se debe hacer” en el ordenamiento territorial y urbano.

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Estos son solo algunos pocos problemas, tras los muchos que hemos comentado, por no querer ver ni contemplar y analizar la realidad, y preferir, en su lugar, el fantaseo ideológico y pseudointelectual, escudado, como se ha denunciado, tras la fachada de falsos títulos'

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