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Actualizado el 08 de octubre de 2012 a las 12:00 am

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¿Puede un dirigente del futbol nacional hacer, en forma impune, lo que le viene en gana, contra la organización de este deporte y contra los derechos de las personas, en un país regido por normas legales y morales?

Sí, se puede o, mejor, se ha podido por año y medio. Este dirigente ya ha agotado todos los adjetivos en su contra y su familia, y no ha tenido reparo en exponer a su propia madre y guarecerse en ella para seguir adelante con este cúmulo de trastadas, cuyo núcleo es la violación de los derechos de los trabajadores.

Este personaje y sus cómplices han sobrepasado todo respeto a la dignidad humana sin que, en una sola ocasión, haya tenido la decencia y el valor de dar una respuesta cabal sobre las denuncias planteadas y, mucho menos, de hacer lo que cualquier persona habría consumado: presentar la renuncia, tanto él como los suyos. Por el contrario, cuanto más duras son las críticas y más hondo el desprestigio, más se aferra a su cargo y más indignantes son sus violaciones.

Recogemos los titulares publicados anteayer: Dos jugadores pagaron deuda del club y del equipo con el INS; algunos jugadores llegan sin comer, por lo que hay compañeros de equipo que los invitan para iniciar las prácticas; dos meses y más sin salario; pese a todo, el equipo se mantiene unido y respetuoso, sin recurrir a la huelga; los jugadores han sufrido esta tortura por mucho tiempo; los aficionados y los jugadores realizan rifas para subsistir; se pretende sancionar a los jugadores por los problemas salariales, no a Sotela o a la presidenta, todo lo cual representa incertidumbre y sufrimiento para las familias

Las autoridades deportivas y, concretamente, las del futbol nacional deben actuar sin miramientos y no porque se trata de un deporte pueden desentenderse de su gravedad. Está en juego la dignidad de un grupo de trabajadores y de sus familias, cuya respuesta no ha sido la violencia ni el recurso a las vías de hecho, sino la hermandad, la solidaridad, el respeto, un ejemplo de calidad humana para el país que no habíamos visto en los lances de este deporte.

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Este ejemplo de desprendimiento y de fraternidad de los jugadores y de la afición obliga a las autoridades políticas, del deporte y del futbol a actuar con rectitud y sentido del deber, sin paños tibios ni vanos recursos, que solo sirven para alargar esta situación y, con ello, favorecer a los que delinquen al amparo del deporte y de sus propios intereses.

Lo dicho aquí sobre el futbol es aplicable a otros sectores del país. El binomio sagrado consiste en la unión entre la ley y la autoridad. En medio está la persona encargada de unir ambos valores, o bien, el pelele –el Estado o el particular– que ve y no actúa.

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