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Actualizado el 03 de octubre de 2012 a las 12:00 am

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Un titular de La Nación del sábado pasado me impresionó no por novedoso, sino por reiterativo, esto es, por haberlo leído o escuchado hasta el cansancio, sin haber reparado o profundizado en él. Pareciera que la rutina es la muerte del alma, pues, parodiando a El Principito, lo esencial suele ser invisible a los ojos. Recuperar la capacidad de asombro: todo un plan de trabajo.

¡Cuántas veces no hemos leído o escuchado noticias escalofriantes sin advertir que, tras ellas, se oculta una advertencia o mensaje en el que nos jugamos la vida! Un ejemplo: la del sábado, en este periódico, a la que nos referimos: “Corazón de ticos sufre por mala alimentación y poco ejercicio”. La información abunda en datos estadísticos que vienen de lejos en el tiempo y en el espacio, prueba inequívoca, por sus efectos en la salud de nuestro pueblo, de que su contenido no nos ha importado. Tampoco les ha importado a nuestros dirigentes y políticos, a sabiendas de que una política humana exige una atención preeminente en esta materia.

¿Por qué ocurre esto? Por lo dicho: en lo esencial hacemos las cosas al revés. Y lo esencial, en el orden de la salud, es lo necesario. Ya lo dijo Winston Churchill, quien, como Steve Jobs y muchos otros, sí sabía ver lo que otros no veían. “De nada sirve –dijo Churchill– decir que hacemos lo mejor que podemos. Para triunfar hay que hacer lo que sea necesario”. Y, en materia de política y salud, el objetivo primario de todo proyecto es mejorar la salud de las personas.

¿Cómo concebir, entonces, que, “desde 1970, la principal causa de muerte son los males cardíacos y que en más de 40 años, según informes de la CCSS, los números no han bajado, pese a que las causas y efectos están a la vista de todos, como la salida o la puesta del Sol, un acontecimiento físico asombroso, más que la última novedad tecnológica, que a todos nos conmueve. Esta nos fascina y en ella empeñamos nuestros recursos, pero el ataque despiadado, por 40 años, de lo que la OMS (Organización Mundial de la Salud) llama los “enemigos del corazón” no nos desvela. La rutina es la muerte del alma y del corazón'

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Y ¿cuáles son los enemigos del corazón que le cuestan a la CCSS cerca de 100. 000 millones de colones cada año? Según la OMS son los siguientes: el fumado, el sedentarismo, la obesidad y una dieta cargada de grasas y con pocas frutas y verduras. Y ¿cuáles son los medios para atacarlos a tiempo?: actividad física, consumir alimentos protectores, evitar el fumado y chequeos médicos. Un gran objetivo personal y social –calidad de vida– a un bajo costo, cuya desatención toca las fronteras de la criminalidad.

La gran pregunta: ¿En qué ha consistido en Costa Rica la política o el arte de gobernar?

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