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Actualizado el 28 de septiembre de 2012 a las 12:00 am

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A veces, nos asalta el pesimismo intelectual, que tratamos de dominar, según la sentencia, con el optimismo de la voluntad. Hay situaciones en nuestro país en que, ante la indiferencia y la indolencia mental que penetra la toma de las decisiones, uno escribe por un deber moral, para que el silencio no nos aplaste ni arrastre, a sabiendas de la ineficacia de las palabras.

Espigo a la ligera en la agenda nacional y entresaco dos hechos reveladores: los accidentes de tránsito por irresponsabilidad de los conductores, aliados predilectos de la muerte, y el reglamento interior de la Asamblea Legislativa, enemigo acérrimo de la institucionalidad y el interés nacional. Ambos fenómenos han consumido toneladas de palabras sin provecho alguno. Ahí se mantienen contaminantes y desafiantes del derecho y la moral.

Detengámonos, por enésima vez, en los accidentes de tránsito. Ayer, no más, este periódico informó: “30 personas pierden la vida cada mes en accidentes viales”. En el primer semestre del año se documentaron 178 muertes en carretera, un 9% más en el mismo lapso que en el 2011, cuando murieron 55 peatones, 46 motociclistas, 35 conductores, 21 acompañantes, 18 ciclistas y cuatro no identificados. Estas cifras indican el número de muertos en las carreteras, no así en los hospitales o días después del hecho. Esta es la primera causa de muerte en el país, más que los homicidios dolosos. 13 por 100 habitantes. Al 31 de julio pasado se pagaron 12.500 millones de colones en atención médica.

Concretemos un poco más. Las causas de las muertes son estas: exceso de velocidad (58), culpa del peatón (51), invasión de carril (51), ebriedad (21), culpa del conductor (19), falla mecánica (8) y otros (20). Esta lista nos retrata que todas estas causas tienen un denominador común: la imprudencia o “voluntaria omisión de diligencia en calcular las consecuencias posibles o previsibles del propio hecho”.

La prudencia es la primera virtud cardinal, de suprema importancia, “ya que es el alma, la madre, la maestra, la moderadora y directora de todas las virtudes”. Indica falta de juicio, sensatez y cuidado, vicios que recubren toda nuestra cultura nacional y que la directora del Conavi, Silvia Bolaños, condensa en una frase terrible y precisa, propia de los choferes y, en general, de los ticos en muchas circunstancias de la vida: “Me la juego porque a mí no me va a pasar nada”.

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“Me la juego porque a mí no me va a pasar nada”. Así razonaría un ángel, seguro de su condición, o un político extraviado, como tantos, no un ser humano, por naturaleza imperfecto. Aquel, por ello, que, por soberbia, estupidez o maldad, pretende despojarse de su naturaleza humana, se convierte en una bestia.

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