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Actualizado el 21 de septiembre de 2012 a las 12:00 am

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La CCSS gasta 53.000 millones de colones en salarios . Este monto pareciera normal en una institución tan grande y compleja. Lo que no es normal, y desborda cualquiera fantasía, es que “los sobresueldos absorben 22.000 millones de colones de los 53.000 millones destinados por la Caja al pago de los salarios”.

En estas condiciones, amén de una serie de gastos estrafalarios, como tantos que se han denunciado en estos meses, por la CCSS, por la comisión de notables y por la Organización Mundial de la Salud (OPS) cualquier institución o empresa estaría condenada a la quiebra. ¿Por qué no lo está la CCSS? Porque esta institución cumbre de la seguridad social, “orgullo de los ticos”, apenas subsiste, en detrimento de la calidad del servicio y de la satisfacción digna del derecho a la salud. No está dicha toda la verdad sobre lo que, en realidad, pasa en la CCSS, no obstante el esfuerzo que sus autoridades, en estos meses, han realizado para mantenerla a flote.

En estos meses, desde que surgieron las primeras denuncias sobre la magnitud de la crisis en la CCSS, he tenido la oportunidad de conversar con numerosos asegurados, la mayoría pobres y necesitados, que recurren a un periódico como La Nación, no en busca de remedios o de cura, sino de un oído atento que los oiga, lo que, en buen romance, se llama desahogo, un derecho humano, tan sagrado como otros. Quieren contar sus penas y las calamidades sufridas ante la impersonalidad y la frialdad de no pocos funcionarios públicos.

La desesperación de los asegurados se sintetiza en “explicaciones” como estas: se extravió el expediente, venga en una semana; su operación se efectuará, posiblemente, dentro de varios meses, cuando los quirófanos estén listos; las listas de espera son largas, llame dentro de 15 días, quizá quede un campo libre. Pero usted tiene mi teléfono, ¿por qué no me llama usted ya que vivo muy lejos?; mire, no tenemos suficiente personal. Entonces, y ¿por qué no me dan cita en las tardes?...

Somos conscientes de la labor de muchos funcionarios abnegados de la CCSS, pero, a la vez, de una triste realidad: la mayor parte de los problemas de la CCSS son de ayer, fruto de una gestión interna, rutinaria, que clama al cielo, que no solo ha agravado sus males internos, sino que ha creado, asimismo, una especie de (in)cultura, en que se ha perdido el valor insuperable del tiempo, el único tesoro que tienen los pobres, cuyo aprovechamiento depende del valor ético de la responsabilidad y de la solidaridad humana de los funcionarios.

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Los problemas “pequeños o personales de la CCSS, que llamamos ‘humanos’, invisibles para la mayoría”, han estado ahí por años y años' ¡Qué gran reto de humanidad! Sí, de humanidad.

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