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Actualizado el 07 de septiembre de 2012 a las 12:00 am

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Por más declaraciones jubilosas sobre el régimen municipal en los últimos seis años, incluido este; por más promesas de rectificación y por más críticas de algunos líderes municipales o de alcaldes contra la anterior ministra de Planificación, Laura Alfaro, como se vio en la celebración del Régimen Municipal, el viernes pasado, lo cierto es que este importante sector sobrevive en la incertidumbre o el disimulo.

En dicha celebración, donde se intentó “una tibia reconciliación” con el Poder Ejecutivo, y la presidenta Chinchilla llamó “aliados y socios” a los gobernantes locales, la retórica venció a los resultados, como era de esperar, frente a un pasado (dos años) lleno de suspicacias y hasta de confusión en los gobiernos locales. En esta oportunidad se enfrentaron tres posiciones: el respeto y el realismo expresados por la presidenta de la República, la actitud crítica de regidores y alcaldes, puesta de manifiesto por el presidente de la junta directiva de la Unión Nacional de Gobiernos Locales (UNGL), y la emotividad de quienes, pese a todo, esperan días mejores.

Cuando se repasan las informaciones sobre el funcionamiento del régimen municipal y su relación con el Gobierno central, así como sobre la labor, en general, del Ministerio de Planificación y la del Ministerio de Descentralización, reinan la confusión conceptual, la reiteración de funciones y la obsesión de culpar a otros de la confusión actual. ¿Qué se entiende, por ejemplo, por descentralización y cuál es el ámbito de acción de los dos ministerios citados en este campo y en sus relaciones con el régimen municipal? ¿Qué se entiende por “una pronta descentralización” y cuál ha sido el rumbo y el contenido de la desastrosa Ley de Transferencia de Competencias del Poder Ejecutivo a las Municipalidades, que la exministra Laura Alfaro denunció con responsabilidad y conocimiento de causa, sin que nadie, ni antes ni después, pudiese desmentirla?

Al parecer, entonces, la vía más expedita está en el realismo que ha propuesto la presidenta Chinchilla: realismo en cuanto a la transferencia de competencias, “en la imposibilidad de hacer transferencias de dinero”, dadas las dificultades fiscales; realismo frente “a las ilusiones presupuestarias de los municipalistas”, realismo frente al trabajo conjunto de los diputados, el Gobierno, alcaldes y regidores. Solo así será posible “concebir el régimen municipal como el gran aliado de las políticas públicas”, que nunca ha sido.

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Faltan menos de dos años para poner orden en el régimen municipal y enderezar a los dos ministerios citados para trabajar en lo suyo, esto es, en sus tareas constitucionales, después de estos tres meses en ellos de despiste y confusión. Orden y autoridad. Sin complacencias. Es mucho lo que está en juego.

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