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Actualizado el 29 de agosto de 2012 a las 12:00 am

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La periodista Vanessa Loaiza nos regaló anteayer, en este periódico, un reportaje esperanzador: “Obras viales varadas por años en Costa Rica al fin comienzan a construirse”; el periodista Andrés Formoso nos entregó un reportaje retador: “Panamá prepara Canal para su segundo siglo de vida”; y Daniel Ortega, de acuerdo con su mejor estilo y el del Comandante Cero , anuncia la construcción de un canal seco.

En cuanto a Costa Rica, se trata de una serie de proyectos viales en marcha, entre ellos la ampliación del tramo Cañas-Liberia (50 km), seis años después del anuncio de la construcción de cuatro carriles de la carretera Interamericana Norte. Se completa la ruta entre Sifón (San Ramón) y La Abundancia (San Carlos), cuyo banderazo inicial se dio en el 2005. Se construye una ruta nueva entre Vuelta de Kooper (San Carlos) y Bajos de Chilamate (Sarapiquí), aunciada en el 2008. Estos 107 km estarán listos en el 2014, y, en dos años, los carriles, puentes y pasos a desnivel. Otros proyectos de gran envergadura hacen antesala, entre ellos el gran puerto de Moín y las obras portuarias en Caldera. De realizarse, se modificará el mapa vial y portuario de Costa Rica en estos años.

Por su parte, nuestra vecina y amiga Panamá “prepara Canal para su segundo siglo de vida” y “la esclusa más compleja de operar del mundo”. Estos proyectos de ampliación del canal interoceánico son unas de las obras de ingeniería más grandes en el mundo con un costo superior a los $5.000 millones, prueba inequívoca de la responsabilidad y capacidad con que trabaja Panamá en el campo de la infraestructura vial y portuaria en armonía con las mejores empresas tecnológicas del mundo.

Así, Panamá asciende a la cima de la modernidad vial y portuaria; Costa Rica hace un esfuerzo para reconquistar –por nuestra culpa, por nuestra grandísima culpa– el tiempo perdido, y Daniel Ortega –Daniel Ortega, no Nicaragua– pretende invertir $30.000 (sic) millones, conforme a la estrategia invasora de la isla Calero en Costa Rica. Mientras Panamá estudia y planifica por siete años la ampliación del Canal e invierte en estos menesteres $40 millones, Ortega y el Comandante Cero planean gastar $750.000 para concluir la obra en ocho años. Mientras Panamá trabaja a la luz del día, Ortega funciona en el misterio.

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En cuanto a Costa Rica, no caben comparaciones entre un canal y nuestros proyectos viales, pero, eso sí, Panamá nos debe servir de ejemplo visionario, sin olvidar que, pese a nuestros quebrantos y quejumbres, nuestro país posee un rico arsenal democrático y de calidad humana, capaz de abatir la desesperanza, la antipolítica y la falta de solidaridad.

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