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Actualizado el 17 de agosto de 2012 a las 12:00 am

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No poseo ni poseeré los conocimientos necesarios para saber si es razonable que 632 médicos de la CCSS (el 10% de los 5.500 de dicha institución) ocupen puestos administrativos. En estos como en otros problemas de la vida, toco las puertas del sentido común que, de sopetón y sin mayor análisis, me dice que puede haber gato encerrado.

¿Cómo salgo de apuros? En la visión de los hechos y en las declaraciones de los funcionarios. El hecho sobresaliente es que, si una persona realiza estudios específicos para desempeñar un cargo, máxime cuando se trata de estudios académicos o científicos de elevado nivel, si el Estado o alguien lo contrata, dicho profesional los desempeñará cumplidamente. El caso de los médicos es particularmente relevante precisamente por la naturaleza de la profesión: la salud o, mejor, el derecho a la vida. La vida, el valor ético supremo. La pregunta, entonces, que sobre el particular ha formulado la CCSS en el reportaje de este periódico de ayer jueves es de fácil solución.

Este es el dilema: “¿Se justifica que los médicos estén en labores administrativas, o bien que presten servicio en hospitales o clínicas” o en cualquier parte donde alguien clama por su ayuda profesional? Por supuesto, hay médicos que, precisamente por ser tales, deben dedicarse a labores administrativas. Esta es la excepción. Pero ¿es justo y razonable que 632 médicos en la CCSS –el 10%– realicen tareas administrativas, de los cuales la mayor parte –368 entre 420 plazas– sean especialistas? La conclusión cae de su peso: “estos datos implican una disminución de la oferta directa de atención de los pacientes”, según la Auditoría de la CCSS.

De inmediato, salta a la palestra el sentido común con una serie de preguntas que “cualquier hijo del pueblo” sin estudios ni estatus de alcurnia se formula: “¿Por qué”.

¿Por qué se ha tolerado esta locura? ¿Por qué no es sino hasta ahora cuando se pone sobre el tapete? ¿Por qué alguien acepta un cargo estratégico en la CCSS y no realiza un estudio previo sobre la distribución, eficiencia y eficacia de los puestos administrativos?

¿Por qué, desde hace años, nadie dio la voz de alerta? ¿Qué significa ser especialista, siendo que su carencia se ha denunciado periódicamente? ¿Por qué, como declaró el gerente administrativo de la CCSS, Luis Fernando Campos, se desaprovecha así el recurso humano, si se ha comprobado la necesidad de profesionales en Medicina? ¿Dónde está eso que llaman planificación y por qué se gasta tanto tiempo en “informes que nadie lee”?

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Y el sentido común grita: ¿Qué ha pasado, Dios mío, en la CCSS o, mejor, qué ha pasado en la administración pública? ¿Quiénes nos han gobernado? ¿Qué hacemos?

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