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Actualizado el 15 de agosto de 2012 a las 12:00 am

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Pareciera fuera de lugar un comentario, el Día de la Madre, como hoy, sobre las burlas e irrespeto de Mario Sotela contra el Club Sport Herediano, sus jugadores, la afición y elementales valores éticos de nuestro país. Pero, no, precisamente por lo dicho y porque la madre de este personaje dio la cara por este club, este es un día adecuado para hacer la diferencia.

Además, el futbol, una actividad deportiva globalizada, como pocas, y seguido por buena parte de nuestro pueblo, en particular por los niños y los jóvenes, debe desarrollarse en un marco de dignidad, honradez y lealtad. Eso que llaman juego limpio, que si debe imperar en un estadio y en un partido, ha de presidir, sobre todo, la conducta de los dirigentes dentro y fuera de sus hogares. De este modo, el deporte y, en este caso, el futbol, se convierte en un agente cultural y ético, que si se corrompe daña a toda la sociedad.

Quienes no vivan estos valores, no deben entrometerse en las actividades deportivas. El deporte es vida y, a la tica, pura vida, sinónimo también de una vida pura; esto es, honrada, el más bello y sólido timbre de honor de una persona. Lo contrario se llama corrupción, que tanto daño nos ha causado. Este comentario, entonces, en este día sagrado, se impone con derecho propio. ¿Qué anhelan las madres, esos manantiales inagotables de vida, sino la honradez y dignidad de sus hijos? Nada, ni el más rico tesoro ni las podridas ficciones del mundo pueden sustituir jamás estos valores éticos.

La corrupción y la mentira y el narcotráfico están emponzoñando el futbol, y, en general, el deporte en el mundo. Lo proclama la prensa a diario. Tenemos que levantar muros de acero contra esta correntada y todos los figurines que pretenden ensuciarlo. Ya hemos sufrido algunos casos en Costa Rica de este tipo de delincuencia. El deporte, como dije, es vida. En sus parajes no deben irrumpir los agentes de la muerte.

El peor de los actos de corrupción es no pagar, en forma pronta y cumplida, el salario a los trabajadores. Este es un deber moral y legal, cuyo incumplimiento o quebranto produce intenso e impotente dolor en los trabajadores y en las familias, máxime cuando este sufrimiento se acompaña de la burla, la mentira y el cinismo, y, cuando los responsables de estas fechorías, además de deshonrar el historial de una gran institución, ni siquiera se atreven a dar la cara.

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¡Cuán dignos y leales han sido los jugadores del C. S. Herediano y cómo han enaltecido a todos los futbolistas, aficionados y dirigentes de Costa Rica! Hay que expulsar para siempre, y ya, del templo del deporte nacional a todos los mercaderes.

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