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Actualizado el 27 de julio de 2012 a las 12:00 am

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La presidenta de la República, Laura Chinchilla, exclamó anteayer en Guanacaste: “Ya Peñas Blancas NO es la frontera de la verguenza”. Lo fue por muchos años, ante la indiferencia de varios Gobiernos, mientras las aduanas de Nicaragua y Panamá, nuestros vecinos, nos daban una lección de orden y progreso.

¿Por qué? La respuesta cabal a esta pregunta explica lo que nos ha pasado por muchos años y que, ahora, nos ha reventado en la cara, pues siempre, en alguna hora, la historia pasa la factura y tenemos que pagar las cuentas.

Estos años se han distinguido por eso: estamos pagando las cuentas del vacilón, de la indiferencia, del desorden y la inacción de muchos años atrás. Diversas situaciones concretas del país lo proclaman y demuestran. Todas tienen un historial de irresponsabilidad específica, de hacernos los tontos, de ver los hechos y de no actuar, o bien del nadadito de perro. Hay excepciones, por supuesto, pero todos queremos un país diferente, que explote para bien sus condiciones ubérrimas.

La noticia de anteayer sobre Peñas Blancas comienza así: “La de antes era una frontera repleta de tramitadores, de basura, de impaciencia de usuarios y ocupada por el mal olor de un servicio sanitario que de sanitario no tenía nada”. Por ahí transitan 625 vehículos por día, la mitad con mercadería que, en el 2011, documentó $1.500 millones en exportaciones y $842 en importaciones. También desfilaron por esa aduana, por varias décadas, presidentes, ministros, diputados, profesionales, que no vieron y, si vieron y hablaron, sus palabras no tuvieron eco en los estrados políticos. Bastó ahora una inversión de $1,3 millones –así, de $1,3 millones– para convertir la verguenza de un país ecológico en un acto de coherencia política.

Esta inversión, con todo, que comprende una serie de obras aledañas, solo fue un medio. El secreto estuvo en la decisión gubernamental primaria, seguida de “un trabajo de coordinación institucional necesario en el país y que “a todos nos da pereza”, como dijo la presidenta Chinchilla.

Esta es la cuestión y esta falta de planificación, de coordinación, de control y de autoridad es lo que ha faltado en Costa Rica en forma sistemática. Recordemos que la remodelación de Peñas Blancas está cerca de la verguenza de la trocha' Saquemos conclusiones.

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¿Por qué en Peñas Blancas y no en la trocha? ¿Por qué en Intel y no en proyectos viales en serio? ¿Por qué NO en el desastre de Japdeva o en el reglamento legislativo, la gran verguenza nacional, y sí con tantos compatriotas que luchan a brazo partido por el país?

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