Archivo

En Vela

Actualizado el 16 de julio de 2012 a las 12:00 am

Archivo

En Vela

Rellene los campos para enviar el contenido por correo electrónico.

L a Nación puso en nuestras manos, el sábado pasado, un documento inestimable por sus posibilidades, terrible por su contenido y aleccionador por su calidad profesional. Se trata del reportaje de la periodista Cristina Mora Jiliuta, colaboradora de este periódico, intitulado “Los hijos del pavimento que duermen bajo cartón”. Verlo y pasar de lejos sería un acto de complicidad.

No se refiere a la Costa Rica de primera, de segunda o de tercera, sino a la Costa Rica invisible, que la mayoría de los costarricenses no queremos ver y de la que quitamos la vista cuando podemos verla. El reportaje está personalizado en la vida (sic) de algunos personajes representativos, hombre y mujeres, jóvenes y adultos, habitantes de la calle y de las aceras, con pinceladas estremecedoras y realistas, sin pretensión literaria. Ahí están y nos hablan Lobito, “que ya echó raíces en la calle y no recuerda su verdadero nombre”, de 47 años, que ni siquiera tiene acceso a los servicios de salud. Como él, hay millares de invisibles en nuestro país. Por ahí deambula también Amy Méndez, “embutida en una bolsa plástica” con Viviana, “su pareja de vida”. Y con ellos muchos otros y otras, compatriotas nuestros.

Pero, también hay compatriotas que velan por ellos: el padre Sergio Valverde, presidente de la Asociación Obras del Espíritu Santo, que “nació con una docena de sándwiches y un termo de café”, con 14 años de servicio social a cuestas; los miembros de la Comisión Mixta de Atención de la Indigencia (Comai), formada por varias instituciones; nueve ONG, el Centro Dormitorio de la Municipalidad de San José y otros colaboradores, cuya ayuda es insuficiente, dada la magnitud de la tarea, y el hecho de que, más allá de los invisibles, sumidos en la miseria y la exclusión, está el manto doloroso de más del 20% de los pobres recubiertos de latas y de carencias de todo tipo.

En una franja de este reportaje sobresale este titular: “Un problema de todos”. Así es. Un problema de todos por razones elementales de solidaridad humana (un valor humano en decadencia en nuestro país) y por –perdóneseme la expresión– motivos tácticos: este ejército de pobreza afecta a toda la sociedad en el orden económico, social y moral. Si es cierto que nadie puede ser feliz solo, nadie puede vivir con decencia y dignidad al margen de esta cruel realidad.

PUBLICIDAD

Nadie y, menos, los corruptos, los malos gestores de la cosa pública (¡ah, la CCSS en años anteriores y la trocha, para citar dos ejemplos), el gremialismo sin freno ni corazón, los evasores de la renta, los políticos mercaderes y, con ellos, la legión de los privilegiados, de los indiferentes y de los cínicos' Un problema de todos por el cual seremos juzgados.

  • Comparta este artículo
Archivo

En Vela

Rellene los campos para enviar el contenido por correo electrónico.

Ver comentarios
Regresar a la nota