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Actualizado el 22 de junio de 2012 a las 12:00 am

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Quizá a no pocos el tema de la selección del personal o del recurso humano les parezca baladí, innecesario o molesto. Sin embargo, es de la mayor entidad en la función pública, en la empresa privada, en el deporte, en la educación y hasta en una pulpería. Somos personas y nos movemos entre personas. Su calidad nos compete a todos.

Y si se trata de puestos o cargos en instituciones estratégicas relevantes, en las que están de por medio nuestros derechos y nuestros deberes, la cuestión sube de tono. Me refiero, en particular, a la educación, al Poder Judicial, a la política, a la religión, a la conducción de la economía' No podemos, por ello, quedar indiferentes ante la noticia –otra– emanada anteayer del Poder Judicial. Dice así: “Solo 19 de 138 abogados que aspiran a convertirse en jueces aprobaron el examen con una nota mínima de 75 para ingresar en el Poder Judicial”. En síntesis, ocho de cada 10 candidatos no superaron las pruebas.

La información destaca algunos aspectos imprescindibles: es una nota mínima, las pruebas consistieron en conocimientos básicos en Derecho y en capacidades elementales, como comunicación escrita o redacción, estilos de liderazgo, inteligencia emocional, capacidad integradora y cognoscitiva, estilos de dirección, creatividad y objetividad. La nota final es un promedio entre ambas partes. Téngase en cuenta que, en octubre del 2011, 181 abogados realizaron los exámenes correspondientes y que solo 13 superaron las mismas pruebas.

De acuerdo con el director de la Escuela Judicial, Marvin Carvajal, estas pruebas no solo valoran los conocimientos, sino las capacidades o el desempeño en otras ramas que integran la personalidad. Según la presidenta de la Asociación Costarricense de la Judicatura (Acojud), Adriana Orocú, “la promoción es muy baja en comparación con la cantidad de enlistados, por lo que el Poder Judicial debe asumir la labor de capacitación para cubrir las falencias del sistema universitario”. Dos criterios valiosos: la visión integral del funcionario y las falencias o fallas del sistema universitario que, en cuanto a la enseñanza del Derecho, a juzgar por el número de alumnos, de graduados y de escuelas de Derecho, ha de ser catastrófico. La cantidad desborda en absoluto la calidad.

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¿Por qué? Solo hay una respuesta: el facilismo, sin reparar en otras causas, que en algunas escuelas de Derecho privadas asusta. Nos lo dice la propia experiencia, particularmente en lo referente a los conocimientos básicos del derecho y de la lógica, y al dominio del español. Y ¿por qué solo el Derecho? Quien esté libre de pecado que lance la primera piedra. El tema de la calidad de la enseñanza, barómetro de un país, nos sobrecoge.

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