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Actualizado el 20 de junio de 2012 a las 12:00 am

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El editorial del Eco Católico del domingo pasado termina así: “La sensatez, el buen juicio y la altura de miras se imponen en este momento de importantes definiciones nacionales”. Nada más acertado y objetivo, pues, lo contrario, su antítesis (la insensatez, los juicios desatinados y la pequeñez de miras) se ha convertido en una epidemia nacional.

¿Cómo hacer para luchar contra esta epidemia que tantos daños nos ha causado? Mediante el análisis objetivo de los hechos, una tarea difícil, cuyos adversarios suelen ser, según el maestro Karl Popper, la visión ideológica de la realidad y la emotividad, comprendidos los prejuicios. Todos hemos incurrido en estos pecados. Y, como el pecado es general, bien está en señalar algunos deslices sobre la materia, aunque provengan de fuentes limpias y respetables'

En efecto, si la conclusión del editorial citado del Eco Católico es inobjetable, no lo es el contenido, que versa sobre una serie de reportajes de La Nación sobre los embarazos de los adolescentes y, como tal, cercano a temas tan importantes como la familia, las relaciones interpersonales, el sexo, el Estado, la educación y otros de igual linaje. Se trata, como lo expresé en un comentario anterior, de un esfuerzo periodístico profesional, de alto nivel, destinado a informar y educar. El Eco Católico exalta, sin embargo, en estos reportajes, los “desaciertos”, “los desenfoques”, la alarma, las incongruencias, la politización, la hipocresía, la impunidad, la complicidad, en fin, un trabajo inútil, posiblemente, malintencionado y peligroso, que merece, como lo hace, la denuncia pública.

No hay, pues, en estos reportajes de La Nación mérito alguno para el Eco . El título de su editorial lo dice todo: “Embarazo adolescente: el desenfoque”. No se trata de algunos desaciertos, sino “del desenfoque”, una falla total. Los prejuicios del editorialista llegan a tal grado que hace coincidir estos reportajes de La Nación sobre un tema capital para el país con el anuncio “de la puesta en marcha de las guías sexuales del MEP para la educación sexual de los niños y jóvenes estudiantes de escuelas y colegios'” con el propósito, según este editorial, de “justificar o aplacar los ‘anticuerpos’ que podría generar la propuesta del MEP”.

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El penúltimo párrafo del editorial del Eco Católico expresa que “no debe confundirse la prudencia con el valor de denunciar aquello que moralmente es inaceptable”. Este es el propósito de esta columna, sea dicho con todo respeto. Es moralmente inaceptable descalificar, a punta de adjetivos, un esfuerzo informativo orientado a hacer conciencia sobre uno de los más serios problemas del país, en cuyo análisis y solución todos debemos participar.

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