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Actualizado el 15 de junio de 2012 a las 12:00 am

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Por enésima vez los dirigentes sindicales de Japdeva paralizaron las labores portuarias en Limón y por enésima vez se bloquearon vías y se quemaron llantas y por enésima vez, igual que los diputados de oposición, clamaron por el diálogo. Cada conflicto de estos produce pérdidas económicas inefables, pero nada importa. Hace años, muchos años, decidimos ser pobres, pudiendo ser ricos, pero poco importa.

¿Cuánto nos ha costado el gremialismo a la tica en los puertos del Caribe, en las escuelas, en los colegios, en los hospitales? ¿Cuánto les ha costado no solo al Gobierno, a las empresas, a la institucionalidad, sino, sobre todo, a los sectores más pobres del país, los que, al fin de cuentas, son el pato de estas fiestas sindicales? La cifra es inimaginable. Sin embargo, el festín sindical prosigue, a expensas del humor o de la fantasía de los dirigentes. Téngase presente que la declaratoria de huelgas forma parte de la competencia sindical costarricense.

La huelga en Limón es apenas la entrada del plato fuerte anunciado para el 26 de junio. En esta fecha, según las proclamas gremiales, será la gran explosión de la imaginación de los dirigentes, de acuerdo con el comunicado de los dirigentes huelguistas de la educación, la salud, telecomunicaciones y otros. Todo se congregará en esta fecha para no trabajar.

Cito las razones de esta huelga publicadas en estos días en la prensa: contra la corrupción, contra el problema fiscal, contra la falta de transparencia y el mal uso de los recursos públicos (los temas de fondo según el estado mayor), contra la corrupción política, contra el saqueo (sic) de las instituciones públicas, contra la inseguridad social, contra el monopolio muellero, contra el proyecto de Ley de Contingencia Eléctrica y la Superintendencia de Comunicaciones, y, según la experta nacional en huelgas, hoy dirigente política, rumbo a las elecciones del 2014, contra la impunidad de los corruptos.

En fin, una huelga contra todo y contra todos, reflejo cabal del gremialismo que tenemos y de la cultura democrática y sindical de los dirigentes costarricenses, hermano gemelo de la política partidista con que el cielo nos ha castigado. La conclusión salta a la vista: un pueblo no puede resolver sus problemas estructurales o los más apremiantes, y dar el salto hacia el desarrollo si debe enfrentar, a cada paso, la oposición, la indiferencia, la mala fe, la inmadurez, la irracionalidad y el cinismo del gremialismo y de la política partidista que, ahora, imperan en nuestro país.

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¿La solución? Este juego, como la pobreza, no tiene fin. Dancemos y dialoguemos. Quizás ese sea el método.

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