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Actualizado el 18 de mayo de 2012 a las 12:00 am

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¿Qué hacemos con la Asamblea Legislativa o, mejor, qué hacemos con los diputados, esas personas que, desde el 1.° de mayo del 2010, ocupan, por mandato del pueblo, una curul desde donde están obligados a legislar y a ejercer el control político conforme a la ley, la moral y el bien común? ¿Qué hacemos, cielo santo?

Por dos años, el pueblo se ha formulado, angustiado, esta pregunta y no encuentra respuesta, pues esta depende, desde Cuesta de Moras, no de ellos, del pueblo, sino de algo que se llama conciencia o “juicio de la razón por el que el ser humano reconoce la bondad o maldad de un acto”, lo cual supone “una inteligencia que juzgue y un conocimiento previo que sea la base en que se apoya el juicio moral”. Sin estas dos condiciones, surge la conciencia deformada.

¿Por qué, después de dos años o legislaturas, frente al lenguaje de los hechos, de la crítica constante de la gente, del desconcierto y del confusionismo, sin paralelo en la historia legislativa, no se detiene este desbarajuste y la conciencia de un grupo de diputados no levanta la voz y decide, en este tercer año, por su honor y en aras del interés nacional, cumplir con su deber y actuar con responsabilidad y seriedad? Actuar con seriedad significa actuar con responsabilidad y tomando en consideración aquello que importa. En serio quiere decir sin engaño, sin burla. Es lo contrario de vacilón. Así lo enseñan el Diccionario esencial de la lengua española y las normas básicas de la moral.

No cansaré al lector con el sinnúmero de disparates (inmadurez, irresponsabilidad, etc.) documentados en la Asamblea Legislativa. Resalto uno: las negociaciones o acuerdos fallidos, suscritos con radical falta de seriedad y sin intención alguna de cumplir o ponerlos en práctica, acompañados de declaraciones solemnes y, al final, de justificaciones pueriles, a sabiendas de que la mentira ha precedido todo el proceso. El triste capítulo de la Alianza por Costa Rica y ciertas conductas de la fracción del PLN han adobado y aderezado este itinerario.

Se abre ahora otra puerta de esperanza. El PASE y el PUSC han suscrito, en estos días, sendos acuerdos con el Gobierno y con la fracción del PLN. Las respectivas agendas son concretas, necesarias y factibles. Sin embargo, de inmediato otros diputados y dirigentes, sobre todo del Movimiento Libertario y del PUSC, han comenzado la labor de zapa o de obstrucción con argumentos o posiciones infantiles. ¿Hasta cuándo? Podría apelar a la conciencia de aquellos diputados que han llegado a la Asamblea a obstruir y destruir. Sin embargo, el argumento moral no funciona. Este es uno de los problemas más serios del país. Lo delatan los medios de comunicación.

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