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Actualizado el 07 de mayo de 2012 a las 12:00 am

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Ayer La Nación nos mostró, en un espléndido reportaje, qué es y ha sido Costa Rica. No la Costa RISA' de la Anfe, de los gremios, de ciertos intelectuales, profesionales y políticos, sino la Costa RICA real, abrumada por problemas internos y externos, errores y caídas, pero preclara y reputada por la calidad de su pueblo, hombres y mujeres, jóvenes y niños; por sus logros insignes y su gestas gloriosas, así como por su determinación de ser mejor'

En la página de presentación de este reportaje se lee: “El que hizo de su sueño el de todos los ticos”, desde el sueño y esfuerzo de un grupo de aldeanos, en 1821, para forjar en pocos meses un Estado libre, digno y democrático, hasta hoy, cuando la magia de Internet nos ofrece la buena nueva del ingreso de nuestro compatriota, Franklin Chang Díaz, en el Salón de la Fama de los astronautas, en Cabo Cañaveral, en EE. UU., el primer latinoamericano en formar parte de este selecto grupo de héroes, con el récord mundial de vuelos al espacio, siete en total, y dedicado ahora al desarrollo de la tecnología del plasma en su empresa Ad Astra, rumbo a la exploración sin tardanza del universo, con todos sus sueños y su paquete de tortillas.

Nos enorgullecen y dignifican el éxito inmenso y los lauros de nuestro compatriota Franklin Chang Díaz, pero también nos inspiran, por su luz y su honda huella, su inagotable ejemplo de vida y sus palabras cargadas de trascendencia y de sentido. Ayer nos dijo en La Nación : “Los sueños que uno tiene son reales. Todos los niños vienen de fábrica, dispuestos a explorar. Yo seguí mi sueño y lo digo aún, no se queda aquí. Eso es lo que deben hacer todos los costarricenses”. Los costarricenses que anteayer inscribieron, en el perfil de Facebook de La Nación , sus emociones y sus reflexiones, ante la figura de Franklin Chang, han interpretado fielmente el alma de todos los costarricenses. Han hablado por todos.

Sobresalen en las palabras de nuestro astronauta algunos elementos claves: la esperanza y grandeza de los niños, el valor del tiempo, la vida como aventura, pasión y corazón; el amor a Costa Rica, la sencillez, junto con la audacia de sus sueños, encarnada hoy en la empresa Ad Astra. Cualquier cosa buena es un punto de partida y no hay límites en la vida, como queda estampado en la expresión latina Ad Astra, que significa ‘hacia los astros’, siempre más allá. ¿No nos lo legó, como desafío, el mismo Jesús? “Sed perfectos –exclamó– como mi Padre celestial es perfecto”. El más grande de los retos. No hay límites. Ni en la formación intelectual ni en la capacidad de bien ni en la exploración del espacio ni en el Salón de la Fama ni en la familia sin fama, la gran escuela, de la gente buena. Toda posibilidad está abierta.

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