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Actualizado el 25 de abril de 2012 a las 12:00 am

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Bien está que los gremios se muestren celosos del correcto uso y destino de los ingresos públicos y, sin pretensiones de monopolizar las denuncias, pongan al descubierto a los inobservantes. Pero ¡qué feo predicar una cosa y hacer todo lo contrario! ¡Qué feo encubrir la lucha contra la ilegalidad bajo los velos del cinismo, de la hipocresía y de la impunidad!

Así quedó escenificado el jueves pasado, cuando los dirigentes de APSE –sin diferencia alguna con los de ANDE– realizaron varias paradas o estaciones para reprocharles a los jerarcas de algunas instituciones los mismos pecados que ellos, los inmaculados dirigentes sindicales, desde hace muchos años, vienen cometiendo. Estos dirigentes han echado mano siempre del más vulgar recurso laboral: el chantaje para satisfacer sus fines. Cuando les viene en gana ordenan el paro del curso lectivo, los medios de comunicación se convierten en oficiosos mediadores, que repiten la consigna, y, obviamente, en estas condiciones, los padres de familia no envían a sus hijos a la escuela o al colegio. Al día siguiente, los dirigentes proclaman el triunfo: 95% de los colegios cerrados o manifestaciones en diversas comunidades'

En esta ocasión, los dirigentes de APSE se apostaron primero frente al MEP, luego frente al Ministerio de Hacienda, los tribunales de justicia y la Fiscalía General. En cada una de estas etapas clamaron precisamente contra el Estado de derecho por no hacer cumplir lo que los huelguistas estaban pidiendo contra ellos mismos. “La credibilidad del Gobierno está rota”, gritó la lideresa, experta en estos oficios. Sin embargo, si se repasan las encuestas, los dirigentes sindicales son los que ostentan, junto con algunos políticos descarriados, el grado inferior de desconfianza en el país.

Frente a la Fiscalía General exigieron: “No a la evasión, cárcel para los evasores”. Pero ¿habrá mayor evasión del cumplimiento del deber que ordenar el cierre de las escuelas y colegios (el derecho humano a la educación) y hasta privar del alimento a los estudiantes pobres? Frente a una escuela en San Ramón clamaron por la legalidad y los derechos humanos que, por cierto, niegan de plano con este tipo de agresiones contra los padres de familia y los estudiantes.

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Este cinismo o doble cara se manifiesta en el pesado silencio sindical frente al gran escándalo de las incapacidades en la CCSS, causa principal de su crisis, en la equiparación del subsidio por enfermedad con el salario, en la monumental evasión de los profesionales liberales y, como ha quedado dicho, en el juego infame e impune de la suspensión del curso lectivo, según el humor o el interés de unos cuantos dirigentes de ANDE o de APSE.

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