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Actualizado el 23 de abril de 2012 a las 12:00 am

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¿Será esta la última oportunidad tras el rechazo del plan fiscal, de parte de la Sala Constitucional, en razón del procedimiento? Esta pregunta no tiene respuesta, ya que han sido muchas las admoniciones o llamadas de atención a los Gobiernos y a la clase política, a lo largo de estos años, que se han desaprovechado alegremente.

La esperanza, como se ha dicho, es lo último que se pierde. No perdamos esta oportunidad. En estos días, después de la resolución de la Sala Cuarta, se han asomado tres posiciones: la de los apocalípticos (todo está perdido), la de los ganadores (el fin del plan fiscal significa que en el país de la Costa RiSa nada vale y todo es posible), y la expresada, el jueves pasado, en esta sección por Constantino Urcuyo (“Mantengo la fe en que la reflexión serena y cuerda frente a estos hechos es el mejor camino para encontrar vías alternas frente a la posibilidad de rupturas dolorosas. Todavía tenemos tiempo”). Y por Jorge Vargas Cullell en igual fecha y sobre el tema de los basureros mundiales (“Yo pienso distinto: como seres pensantes, nos debemos a una ética de la responsabilidad”).

Sobre esta ética de la responsabilidad (pesimismo o realismo intelectual y optimismo de la voluntad) de ambos analistas han escrito en estos meses diversos intelectuales y profesionales en estas páginas. Desde este punto de vista, ha sido una buena señal que el Gobierno no se haya hundido en la desesperanza, una vez conocida la sentencia de la Sala Cuarta, sino que, sin tardanza, haya presentado, no obstante los errores cometidos en estos trances, diversas opciones y no haya renunciado a la vía del esfuerzo. No puede decirse lo mismo del ministro de Planificación, según lo prueban sus declaraciones a este periódico sobre la decisión de “revivir el plan que le transfiere recursos y nuevas obligaciones a los municipios”, un proyecto que su antecesora Laura Alfaro había desechado precisamente por responsabilidad y sobrados conocimientos en la materia.

Si no hay espíritu de equipo y capacidad, vamos a perder esta oportunidad para actuar con sensatez y coraje. Costa Rica es el único país del área sin reforma tributaria. Padecemos el más alto déficit fiscal del continente (la mesa servida). La crisis de la CCSS aterra. La productividad del puerto de Limón es la cuarta parte de la del puerto de Balboa en Panamá y menos de la mitad de la de Kingston. El gremialismo nos paraliza y avasalla. Los dirigentes de ANDE y APSE son, por su mediocridad e irresponsabilidad, los mayores enemigos de la educación pública y, por lo tanto, de los pobres'

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La mayor parte de los costarricenses no tenemos miedo y no queremos, de ninguna manera, que esto siga así.

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