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Actualizado el 18 de abril de 2012 a las 12:00 am

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Si unos jefes desaprensivos del servicio secreto del presidente Obama toleran el ingreso de unas prostitutas en un hotel en Cartagena, Colombia, en plena Cumbre de las Américas, ¿por qué nos asustamos si un policía nuestro se pasa de tragos?

Y si el diputado Jorge Angulo (PLN) con una carga atlética de corruptelas en sus espaldas y, quizá, en su conciencia, si la tuviera, se niega a renunciar no a la inmunidad sino a la curul, para desaparecer de la vista de la gente, ¿qué dirá la recua de delincuentes que lo adoptan como ejemplo de vida? Y ¿qué dirán los que, sabedores de sus andanzas, lo eligieron diputado? Y ¿qué podemos esperar del futuro político de Costa Rica si los procónsules políticos de nuestros partidos rehúsan realizar las reformas éticas y políticas de fondo?

Y si el admirado rey de España, Juan Carlos, egregio defensor de la democracia española y de los recursos naturales, cae en la tentación de un safari al África para matar elefantes, ¿por qué lamentarnos nosotros, los de la llanura, de una comidita de tepezcuintle en cada muerte de obispo? Y ¿por qué poner el grito en el cielo si nosotros, los mortales, hijos de Eva, confundimos el carbono 14 con el carbono neutral y no eliminamos los lotes repletos de basura y maleza a pocos metros de la catedral en San José?

Y, si los grandes de América siguen realizando cumbres tras cumbres, hasta tocar el cielo, sin que, hasta hoy, puedan mostrar resultados o trofeos concretos, en beneficio de nuestros pueblos, ¿por qué nosotros los ticos, expertos en culpar a los demás de todos nuestros males, no hemos podido aún, tras tantos intentos, aprobar una reforma fiscal razonable, justa, eficaz? Y ¿por qué, tras cada fracaso, los culpables de estas charangas, evasores y políticos, de consuno, se culpan entre sí, prometen planes B, C y D, y no dan la cara?

¿Cómo hacer, en fin, para copiar de otros lo bueno y nunca lo malo? ¿Cómo hacer para no descubrir en las aberraciones de otros nuestro consuelo y pretexto, y no, más bien, el acicate para superarlos y ser mejores? ¿Por qué seguir comparándonos con los malos o los menos malos y justificar por qué, habiendo recibido tanto de la naturaleza, de la historia y del buen Dios, seguimos surfeando en la mediocridad?

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En estas tonteras, nacionales e internacionales, pensaba ayer al informarme de que la tramitomanía, a la tica, denunciada por años y años, ha impedido el avance de 250 proyectos viales, por $200 millones, en 85 municipios por los trámites en estos, en el MOPT y en el BID. Esta hermosura será, sin embargo, tema de otro día.

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