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Actualizado el 19 de julio de 2010 a las 12:00 am

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Interpelado sobre su criterio acerca del patrullaje conjunto entre los gobiernos de Costa Rica y EE. UU. contra el poderío del narcotráfico, el nuevo presidente del PUSC, Gerardo Vargas, respondió, el jueves pasado, con gallardía, de frente y con razones. Una bocanada de aire refrescante costarricense y una lección para el PAC, el PASE y ciertos personajes del PUSC.

Copio un párrafo: “La soberanía nacional la pisotean todos los días los capos, los encargados logísticos, los testaferros financieros y los sicarios de los carteles del narcotráfico internacional, que creen que Costa Rica es un territorio apetecible para sus delitos y que nuestros hijos son buena carne de cañón para el veneno que ofrecen”. Estamos invadidos y el narcotráfico, la corrupción y la criminalidad han hecho causa común.

El narcotráfico, como la corrupción política, funciona gracias a su inmenso poder y a la complicidad del pecado de omisión, de la demagogia y el protagonismo, del socavamiento de la institucionalidad, de la paranoia ideológica que, en nombre de la paz, a lo Chamberlain, conspira contra la paz; de la falacia de la militarización o del “peligro” de la restauración del Ejército, la misma que, en el pasado, enarbolaron para oponerse a la profesionalización de la Policía; de la falacia de la violación de la soberanía, esgrimida precisamente por quienes, desde posiciones extremistas, siempre han pisoteado la institucionalidad y la democracia. La inconsciencia sobre la honda y extensa penetración del narcotráfico es el más eficaz servicio que se les brinda a los carteles de la droga y a sus aliados.

En días pasados Hugo Chávez le dedicó varias horas de sus demenciales peroratas a Costa Rica, invadida, según él, por el ejército norteamericano. De inmediato, lo secundaron, como una consigna, en Cuba y en los centros de la “izquierda” latinoamericana. Este fue el eco de las peroratas y comentarios aberrantes y de una información distorsionada en nuestro país que ni siquiera ejerció la diligencia elemental de leer –o de entender– el acuerdo entre ambos países. Hasta hubo canales de TV internacional que ordenaron a sus colaboradores en Costa Rica que estuvieran atentos “a la hora de la invasión”.

Obviamente, los carteles de la droga celebran con fruición este banquete de irresponsabilidad y de ingenuidad.

Estamos invadidos por tierra, aire y mar: por el consumo, que mata y envenena, por el almacenamiento de toneladas de droga para exportar, por sicarios, por facciones armadas y por la criminalidad. También por costarricenses que quieren arrebatarnos el derecho a reaccionar.

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