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Urbanización y desarrollo

Actualizado el 30 de mayo de 2013 a las 12:00 am

Es imperativo planear y manejar adecuadamente el proceso de urbanización

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El acelerado proceso de urbanización que vive la humanidad conlleva oportunidades y desafíos muy marcados para los países en desarrollo. Manejarlos adecuadamente será crucial para sus niveles de desarrollo humano en los años venideros, según señala el reciente Informe Mundial de Seguimiento 2013: la dinámica rural-urbana y los Objetivos de Desarrollo del Milenio del Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional (FMI).

En 1975 existían en todo el mundo solo 3 megaciudades, que son aquellas con más de 10 millones de habitantes. Pero ahora existen al menos 20, es decir casi 7 veces más que hace 4 décadas. Cinco de ellas están localizadas en nuestro continente, con dos en Estados Unidos (Nueva York y Los Ángeles) y las otras tres en Latinoamérica (México D. F., Sao Paulo y Buenos Aires).

Y la proyección es que para el año 2050 habrá al menos 70 megaciudades en el planeta, más del triple de las actuales. Asia tendría la mitad del total, en tanto que África pasaría de 3 a 20 en ese lapso. Con Río de Janeiro, Lima y Bogotá sumándose a las tres ya mencionadas, Latinoamérica tendría la mitad de la docena de megaciudades de nuestro continente.

Estas ciudades gigantescas, como la punta de un iceberg, ilustran la magnitud del fenómeno de urbanización subyacente.

Hace solo dos años se alcanzó el punto en que por primera vez las zonas urbanas albergaban la mitad de la población mundial, tras centurias en que la mayor parte de la población vivió en zonas rurales. Pero la urbanización avanza tan velozmente que el Financial Times estima que para el año 2050 tres de cada cuatro personas vivirán en áreas urbanas.

Oportunidades. Latinoamérica y el Caribe tienen una de las tasas de urbanización más altas entre los países en desarrollo, lo cual brinda importantes oportunidades para el desarrollo humano en nuestras naciones, dada la ventaja que en general tienen los habitantes de zonas urbanas, tanto a nivel económico como en calidad de los servicios públicos.

En efecto, como puntualiza el reporte del Banco Mundial y el FMI, debido a un mayor dinamismo económico de las zonas urbanas, sus habitantes tienen tasas de pobreza (11,6%) mucho menores que los de zonas rurales (29,4%).

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En el caso de la extrema pobreza, el contraste es aún mayor pues un 75% de quienes viven en esa condición habitan en zonas rurales.

También es notoria la diferencia en el acceso a servicios públicos de calidad. Por ejemplo, en Latinoamérica la tasa de mortalidad infantil en zonas urbanas es entre 8 y 9 puntos porcentuales más baja que la de zonas rurales. Y el acceso al agua potable en las zonas urbanas de los países en desarrollo alcanza el 96%, mientras se ubica solo en 81% para las zonas rurales.

Desafíos. Sin embargo, los expertos advierten que es imperativo planear y manejar adecuadamente el proceso de urbanización para evitar que lleve a un notable incremento en los precarios en las ciudades, los cuales no tienen condiciones económicas ni servicios adecuados para brindar niveles de vida apropiados.

Ya hay 828 millones de personas que viven en precarios urbanos en el mundo, de los cuales 110 millones viven en Latinoamérica.

El reto de evitar que este problema se agrave se complica porque los expertos estiman que prácticamente todo el incremento (96%) en la población de los países en desarrollo de aquí al año 2030 se dará en las zonas urbanas. Esto creará una enorme presión para la prestación de servicios públicos en salud, educación, agua potable, electricidad y transporte público, entre otros.

Consecuente con estas cifras, el documento del Banco Mundial y el FMI hace énfasis en la necesidad de brindar una respuesta que integre la planeación urbana, en particular el uso de la tierra y la prestación de servicios públicos, la conexión de los mercados laborales y de bienes y servicios, y el financiamiento de las fuertes inversiones en infraestructura de servicios que serán necesarias.

La situación nacional en este ámbito es preocupante. El país no ha podido encontrar una política adecuada de planificación del crecimiento de la Gran Área Metropolitana, aún cuando los problemas que esto acarrea son evidentes, como la reciente carestía de agua en múltiples comunidades.

Al mismo tiempo, hay una grave debilidad en los entes públicos de planificación y de urbanismo. Dada la fuerte dinámica de urbanización que fácilmente se aprecia en el país, particularmente en la Gran Área Metropolitana, esta es una tarea que no puede seguirse postergando.

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