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La Universidad Nacional de Costa Rica alberga valiosos libros antiguos

Actualizado el 02 de junio de 2013 a las 12:00 am

Obras de siempre La Universidad Nacional alberga un ejemplar del primer libro nacional

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“Y no nos dejes caer en la tentación” es un buen consejo, pero, si hubiese que imaginar excepciones, el sitio perfecto sería la Sala de Libros Antiguos de la Universidad Nacional. Aquí hay por lo menos seis mil tentaciones bajo las formas de libros y revistas anteriores a 1900. Como cada pieza es un ejemplar, entonces son tentaciones ejemplares.

El profesor Juan Durán Luzio no es bibliotecario, sino el curador titular de esta sala, y se lo ve orgulloso del universo de papel y tiempo que gira alrededor de él, como en esos viejos grabados en los que a don Quijote lo circunda el vuelo de héroes y hadas florecidos en las páginas.

El origen de esta sala fue una idea del primer rector de la UNA, Benjamín Núñez. Por su iniciativa se adquirieron las bibliotecas de los hermanos González Flores: Alfredo (expresidente honrado en los dos sentidos), Luis Felipe y Víctor, grandes bibliófilos los tres. Sus herederos las vendieron por un valor simbólico.

En el campus de la UNA está la Biblioteca Joaquín García Monge; en su segunda planta, la Sala de Libros Antiguos se percibe tras paredes de vidrio. Es un prisma de cristal con estantes altos y tapas de libros obscuras: negras, granates, azules, como se estilaba antes. Por su sobriedad parece que los libros saliesen de una misa de 1800.

“Más tarde, también por un precio simbólico, se compraron los libros del gran bibliófilo Enrique Robert Luján”, añade el curador. A aquel mecenas de la cultura se debe la existencia de los libros más antiguos de la sala, como un manual religioso impreso en Italia en 1551.

En el año 2000, el rector Jorge Mora accedió a crear una sala específica de libros antiguos y nombró curador a Juan Durán Luzio. Otros dos catedráticos: Margarita Rojas y Carlos Francisco Monge, también son curadores.

En ese año 2000, el Banco Central de Costa Rica donó otra valiosa colección, que incluyó un ejemplar del primer libro impreso en el país: Brebes [sic] lecciones de arismética [sic] para el uso de los alumnos de la Casa de Sto. Tomás, conpuesta [sic] por el Br. Raf. [bachiller Rafael] Osejo catedrático en ella . Se lo hizo en la Imprenta de la Paz en 1830.

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Posteriormente, la Asamblea Legislativa obsequió sus libros que no atañen a asuntos propiamente legales, como obras de literatura e historia: otro aporte generoso.

El último obsequio abundante es la biblioteca del ya desaparecido Instituto de Cultura Hispánica de Costa Rica.

“Sus directivos tuvieron la feliz idea de donar unos diez mil ejemplares, entre modernos y antiguos”, precisa Durán, profesor de la Escuela de Literatura.

En un pasillo, fuera, esperan cajas, cajas y cajas de los libros de esa última donación, y parecen que andamos por un muelle de segundo piso.

“Hemos comenzado a escanear algunos de los libros más antiguos, para el uso del público en Internet”, indica el curador. Un filántropo de Taiwán ha manifestado su interés en financiar el escaneo de muchos de los ejemplares para que lleguen al dominio público.

Durán indica que la disposición de libros escaneados en Internet ha hecho que, en el mundo, caigan los precios de los ejemplares antiguos; pero opina que esto no interesa. “Lo importante es que todas las personas puedan leer y apreciar los formatos originales, aunque sea de modo ‘virtual’”, afirma.

“Deseamos incrementar la colección de libros costarricenses del siglo XIX”, expresa el curador. Ahora hay unos 700 ejemplares.

En las mañanas se ofrecen consultas para investigadores, nacionales y foráneos. La sala depende de la Escuela de Literatura de la UNA, pero existe el proyecto de que pase a integrar la Biblioteca Joaquín García Monge.

Una mesa amplia y cuadrada sostiene numerosos libros que esperan su catalogación, y es que el flujo de obras antiguas no cesa: a veces más, a veces menos. La sala recibe donaciones privadas: menos abundantes que las referidas, pero siempre generosas. Aquí se han juntado las hojas que caen por el tiempo.

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