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EDITORIAL

Trasfondo de una victoria electoral

Actualizado el 11 de noviembre de 2012 a las 12:00 am

La victoria de Barack Obama derivó de una disciplinada y bien organizada campaña electoral, basada en el abecedario de las elecciones del 2008

Obama es el único mandatario norteamericano, desde el inicio del siglo pasado, que ha ganado la reelección por un margen inferior al de su elección

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Con la ventaja que ofrece la avalancha informativa posterior a la elección presidencial estadounidense, ahondamos en las ideas planteadas en nuestro editorial del jueves pasado (“Derrota republicana”).

La victoria de Barack Obama derivó de una disciplinada y bien organizada campaña electoral, basada en el abecedario de las elecciones del 2008. En los comicios recientes el equipo del presidente empleó inéditas técnicas de diagnóstico así como un amplio voluntariado, enfilado a promover la imagen y agenda del candidato.

Así se desarrolló el trabajo de proyectar los mensajes electorales de Obama entre subgrupos claves que los republicanos omitieron en sus planes: hispanos jóvenes y mujeres solteras. Asimismo, no descuidaron a los afroamericanos, bloque sólido cuyo respaldo incondicional al presidente llega al 93%.

El apoyo combinado de estos sectores proporcionó una ventaja aparentemente pequeña en la aritmética del universo electoral, pero decisiva en el apretado examen final del martes.

De igual importancia que el respaldo del frente hispano-afroamericano, fue la visión de resolver problemas migratorios y proveer de auxilio material, tareas calificadas de vitales por los beneficiarios.

El 6 de noviembre, los afroamericanos representaron el 13% de los votos emitidos, comparados con el 11% en cotejos recientes. El voto hispano aportó esta vez el 10% de los votos, comparado con el 8% de pasados comicios. Los menores de 30 años, que en anteriores justas constituyeron el 17 %, en esta ocasión fueron el 19%. Y, en cuanto a las mujeres no casadas, 3 de cada 4 se apuntaron con Obama.

Un puntito aquí y dos puntitos allá sumaron el margen ganador del presidente. La trascendencia de estas pequeñas cifras fue inmensa a la luz de los resultados totales, a saber, Obama recibió el 50,4 % y Mitt Romney el 48,1 %. El total de cada uno fue de 60,4 millones de Obama y 57,6 millones de Romney.

Especialistas subrayan que Obama ha sido el único mandatario norteamericano, desde el inicio del siglo pasado, que ha ganado la reelección por un margen inferior al de su elección. Obama ganó en el 2008 frente a John McCain con una ventaja de 7 puntos, pero solo por un par de puntos le ganó a Romney en la reciente justa. En cambio, presidentes como Woodrow Wilson, Franklin D. Roosevelt, Dwight Eisenhower, Richard Nixon, Ronald Reagan y Bill Clinton triunfaron en su reelección con puntajes más holgados.

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Los sectores señalados se alejaron del candidato republicano, Mitt Romney, decepcionados por mensajes programáticos con espinas. Proclamar iniciativas para la deportación de inmigrantes o revocar la histórica decisión de la Corte Suprema conocida como Roe vrs. Wade, que permite el aborto, no son propuestas particularmente atractivas para el público norteamericano.

Un criterio que está ganando adeptos lo resume una columna de D.G. Myers en la revista conservadora Commentary, donde afirma que “Romney no ganó por los traspiés de su programa, sino porque el Partido Demócrata llegó a la campaña con una ventaja de 6 puntos en identificación partidista”.

La estadística confirma que los debates presidenciales le dieron impulso a Romney, quien emergió de esas pruebas con una imagen más firme de estadista, pero el huracán Sandy lo mantuvo fuera de cámara, en tanto Obama se mostraba muy presidencial a la cabeza de la asistencia federal, sobre todo en la costa este norteamericana. La devastación causada por Sandy también desplazó el naciente conflicto institucional en torno a los fiascos de seguridad en Benghazi.

Este mismo giro fue acentuado por las frecuentes escenas televisivas de Obama del brazo de Chris Christie, gobernador republicano de New Jersey, un político sumamente popular que dirigió profusas felicitaciones al presidente por su manejo de la crisis. Agreguemos la celebración publicitaria de Obama y su administración por resultados económicos en los frentes del desempleo y el crecimiento económico. Los republicanos cuestionaron la solidez de la mejoría, pero el estribillo amortiguó sus argumentos.

Una última consideración en torno a la victoria de Obama es el impulso positivo que recibió de quienes votaron por él en el 2008. El triunfo en las elecciones previas respondió, en no poca medida, a la convicción de un estrato pluriétnico de que esa victoria era indispensable para la conciencia y la imagen de Estados Unidos. Quienes así votaron entonces, o parte de esos ciudadanos, posiblemente fueron guiados por las mismas consideraciones en los recientes sufragios. Sin embargo, la figura histórica de Obama aguarda ahora el juicio sobre el desempeño de su administración en el cuatrienio que se inicia.

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