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Transformación de la madera

Actualizado el 06 de enero de 2013 a las 12:00 am

Colectivo MulierCinco escultoras se unen para impulsar sus nacientes carreras

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Las cinco artistas que conforman el Colectivo Mulier están empezando. Ellas dejan atrás la academia y se sumergen de lleno en la vitalidad y la agitación del arte local. Apoyadas en la camaradería que las une y en la firmeza de sus obras en madera, lanzaron su grupo en diciembre pasado y se esperan nuevas oportunidades para promover su creación.

La galería de Casa 927 , en barrio Amón (San José), les abrió sus puertas, y ellas exhiben por primera vez en conjunto. Conversamos con Florencia Figueroa, Natalia Cordero, Kimberly González, María José Rojas y Sofía Jiménez acerca de su grupo y sus expectativas.

Múltiples visiones. Las cinco participantes del Colectivo Mulier coincidieron en algún momento en las aulas de Bellas Artes de la Universidad de Costa Rica. “Nos fuimos conociendo, y ya con exposiciones pasadas habíamos tenido experiencias de organización. No solo nosotras, sino con los compañeros de nuestra generación”, explica Natalia Cordero.

“Vamos saliendo del proceso de la universidad, entonces pensamos un proyecto que nos involucrara como grupo”, continúa Cordero. Esa voluntad de proyectarse hacia el exterior de la escuela motiva a las cinco compañeras.

En su época universitaria, entre las múltiples asignaciones y los proyectos conjuntos hallaron afinidades que permitieron su asociación. “Un profesor nos dijo: ‘¿Por qué no solo mujeres? En la historia del arte siempre ha habido colectivos de hombres escultores, pero nunca de mujeres’”, dice Cordero.

“Conocemos las personalidades y el rol de cada una pues hemos estado mucho tiempo juntas”, expresa María José Rojas. Para ella, esto fue un adelanto del trabajo necesario para montar la exposición.

Para las cinco creadoras fue una suerte de estreno: la primera exposición como colectivo, y la primera oportunidad en la que se aventuraron a organizar una exhibición por su cuenta.

“La organización fue compleja. El reto principal es no tener plata”, aclara con franqueza Cordero. Esto es una dificultad común para artistas emergentes. “La escultura es una disciplina muy cara: la materia prima, las herramientas, el transporte...”, enumera.

Para el Colectivo Mulier, una prueba de fuego fueron los detalles y los compromisos de una exposición artística, incluidas su inauguración y su difusión.

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El grupo encontró el apoyo de amigos, del Instituto Nacional de las Mujeres y del café-galería Casa 927. Ahora sueñan con proyectos próximos que involucren acción social, y a empresas interesadas en la integración con el arte y nuevas ideas.

Para las escultoras, es fundamental tallarse un espacio para el arte en el ámbito empresarial; hacia alianzas de ese tipo desean dirigir ahora sus esfuerzos.

Objetos y formas. Objetos es el nombre de la exposición inaugural del Colectivo Mulier. Las esculturas, frutos de ejercicios universitarios, encuentran diferentes cosas y las transforman en conceptos artísticamente trabajados.

“La idea es explorar el simbolismo que cargan los objetos cotidianos”, explica Cordero.

De este modo, el trabajo de Kimberly González plasma el concepto del tiempo en una escultura que muestra un péndulo metálico atrapado en las torceduras de la madera. “Habla sobre el manejo rápido del tiempo; entre más rápido salga uno de la ‘U’, tenga una casa... Se genera una inquietud que no le da a uno tiempo de asimilarlo todo correctamente”, expresa González.

A su vez, Florencia Figueroa explora el tema de la migración en dos obras que retoman su historia personal y la de su familia: Soñando con un viaje de papel y Lazos que migran en el tiempo . “Esa es mi vivencia como migrante. Uno se pregunta: ¿qué hago?, ¿para dónde voy?, ¿qué me llevo?”, comenta la artista, nacida en la Argentina.

Para Natalia Cordero el trabajo infantil y la explotación de la niñez la llevaron a crear coches distorsionados y manchados de color que muestran “algo que no está bien, algo que no camina”, explica.

Por su parte, María José Rojas enfatiza el yugo machista en Atada , una pieza que eleva unos tacones –símbolo de lo femenino para la artista– amarrados por medias masculinas.

Sofía Jiménez protesta de frente contra las limitaciones a la libertad de expresión con su instalación El gran bozal , que combina un pesado bozal de madera con una serie de fotografías en blanco y negro de personas con bozales.

Cada una de las escultoras trata la madera a su modo y cada una investiga en un concepto desarrollado por cuenta propia. Empero, las une la inspiración en los objetos y su materia prima.

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El Colectivo Mulier es una propuesta abierta: si bien la amistad y el trabajo previo son la argamasa del grupo, las participantes esperan que más escultoras se unan: quieren convertirse en una plataforma que impulse y propague la labor de las mujeres en la talla, la piedra y cuanta técnica continúen explorando.

Casa 927 se encuentra en barrio Amón, del INVU 100 m oeste y 50 m al norte. Teléfono 2221-2302.

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Fernando Chaves Espinach

fernando.chaves@nacion.com

Periodista de Entretenimiento y cultura

Coeditor del suplemento Viva de La Nación. Productor audiovisual y periodista graduado por la Universidad de Costa Rica. Escribe sobre literatura, artes visuales, cine y música.

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