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Trance y tragedia en Haití

Actualizado el 14 de octubre de 2012 a las 12:00 am

Dos veces testigo El fotógrafo Luis Alcalá del Olmo ofrece vistas de ritos vudús y del terremoto del 2010

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Trance y tragedia en Haití

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Hasta cuando conversa, el fotógrafo Luis Alcalá del Olmo parece que diera noticias: “Me llamó un amigo: ‘Hubo un horrible terremoto en Haití’. Partí de inmediato en un avión privado, que llegó sin control alguno porque, del aeropuerto, solo quedaba la pista”.

Luis Alcalá llegó a las pocas horas, desde Puerto Rico, donde trabaja, hasta el infierno aún tremante de Haití. El terremoto del 12 de enero del 2010 había devastado lo que ya había arruinado la pobreza: ni piedra sobre piedra, y cada piedra, hecha polvo.

Producto de su cariño por Haití –donde ya había fotografiado ritos vudús–, el artista español ofrece la exhibición de fotografías Haití: Los espíritus de la tierra en el Museo Nacional y con el auspicio del Centro Cultural de España.

La muestra se compone de 44 fotografías de gran formato alusivas a seis rituales vudús, más 36 fotos que captaron la tragedia causada por el terremoto. La primera serie es asombrosa y bella; la segunda es conmovedora y sublevante.

“No podía venir con fotos sobre la religión haitiana y omitir imágenes del terremoto: estas nos recuerdan que la tragedia sigue y que debemos ayudar a Haití”, expresa Luis Alcalá ante fotografías que nos llevan del trance a la tragedia.

Vida caminante. Luis Alcalá del Olmo nació en Madrid en 1969. Lleva más de veinte años dedicado al fotoperiodismo y ha realizado coberturas fotográficas en muchos países. Ha publicado vistas en órganos de prensa como los españoles El País y El Mundo; O Globo, del Brasil, y The Washington Post y The New York Times , de los Estados Unidos.

Alcalá trabaja para GFR Media y los periódicos El Nuevo Día y Primera Hora de San Juan (Puerto Rico). Ha exhibido fotos artísticas en más de 25 ciudades americanas y ha recibido numerosos premios, como los del UNICEF y de la National Geographic Society.

Años ha, este ruandante de la cámara encontró un parentesco de inquietud en otros andariegos: los peregrinos de varias religiones.

“Mi gran interés son los peregrinos penitentes. Antes había fotografiado a peregrinos cristianos en las Filipinas, algunos de los cuales se hacen crucificar. Más tarde viajé a Etiopía para documentar la Epifanía que se celebra recorriendo un desierto”, detalla Alcalá.

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El artista supuso luego que nadie había hecho minuciosos reportajes fotográficos de los peregrinos haitianos, y se decidió a registrar sus ceremonias. Alcalá llegó varias veces a Haití, país situado en el occidente de la isla caribe de la Española, que comparte con la República Dominicana.

Entre 1999 y el 2003, Alcalá fotografió las seis peregrinaciones que emprenden fieles de la religión vudú, una síncresis de ritos africanos y cristianos. “Los españoles mostraban imágenes dedicadas a Santiago Matamoros ante los esclavos, y estos aprovechaban ese culto cristiano para enmascarar sus propios ritos guerreros en las fiestas de Santiago”, precisa Alcalá.

Él siguió a los caminantes y permaneció con ellos durante semanas en sitios inhóspitos o frondosos, en aldeas y caminos, habitando campamentos con los fieles.

“Me impresionan los contrastes: el color obscuro de la gente y el Sol brillante, enturbiado por el polvo”, recuerda Luis. Permanecía en un lugar sagrado, acechando la luz, pendiente del milagro esquivo de la escena que o se fotografía o se va.

Otros santos. Sus fotos muestran los relumbres de colores de las ropas y la efusión apasionada de los ritos: bailes y cantos, fiestas y “limpias” bajo cascadas lustrales, como la dedicada a Erzulie Freda, diosa vudú del amor y de la belleza, identificada con la Virgen del Carmen.

Las fotos nos muestran la fe que suscita Ogoún Ferraille, espíritu de la guerra. Se le rinde culto en charcos donde se arrojan los fieles poseídos por los loa (espíritus). Cerca, en el pueblo de Ganthier, en Viernes Santo, los peregrinos vudús llegan a implorar milagros, como si sobrevivir en Haití ya no lo fuese.

Otras fotos muestran la fiesta de Ra Ra: desfiles y bailes de bandas de música durante la Cuaresma. Los integrantes exhiben emblemas de sus templos vudús.

Luis explica que el Barón Samedi es otro loa , el de la muerte, y que se lo celebra el 2 de noviembre, Día de Todos los Santos. Representado por un esqueleto, se le atribuyen impulsos lascivos. Sus fieles van a los cementerios y se pintan la cara de blanco.

Otras fotos fijan el santuario de Souvenance, uno de los mayores centros de culto vudú, al que se peregrina en Semana Santa. Sus ceremonias procuran la fecundidad de la tierra y de las mujeres, vestidas con ropa multicolor y embriagadas con alcohol y fe.

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“Hay elegancia, hay arte”, asegura Alcalá cuando mira los vestidos y la composición de los altares. “No son ritos sencillos: revelan creencias muy complejas”, añade.

Algunas fotos muestran personas en trance, “poseídas” por espíritus y dioses a quienes imploran mercedes.

“La pobreza es terrible y empuja a confiar en cualquier ayuda sobrenatural”, sostiene Alcalá. “La vida es tan dura allá que la penitencia debe ser más dura aún”, reflexiona el artista ante fotos donde aparecen peregrinos inmersos en barro.

El vudú da esperanzas en el país donde la vida se padece y, aún así, se celebra.

Ganas de vivir. Más allá aparecen las fotografías que diseñó el terremoto. “Fui trabajando a la velocidad de la tragedia: tomando fotos y enviándolas”, indica Luis Alcalá, sitiado ahora por el aire turbio, las angustias y los rostros de gritos fijados en las imágenes.

“La gente estaba en shock ”, señala Alcalá con la vista. Nos miran los sobrevivientes mientras salen de las ratoneras humanas que las casas han construido cayéndose.

“Pronto comenzaron el vandalismo y los saqueos”, indica Alcalá y añade: “La ayuda arribó después, pero es insuficiente”. Los haitianos, modelados por el sufrimiento, vuelven a las ruinas de sus casas para vivir apenas y a penas. En Haití, una fotografía no equivale a mil palabras, sino a mil alaridos.

Cuando habla de Haití, Alcalá se parcializa; aquí, el único objetivo es el de su cámara. “Para ingerir minerales, las mujeres embarazadas comen tierra, y hasta se venden galletas de tierra”, asegura y deja que la realidad haga la ironía.

Sin embargo, Luis Alcalá del Olmo resalta también las ganas de vivir de los haitianos: “Puede matarlos el bacilo del cólera, pero resisten meses y años en campamentos de refugiados que nos matarían a ti y a mí en una semana”.

Un terremoto ocurrido en el país más pobre del mundo es una invitación a la fotografía y a la filosofía.

Se adquiere el derecho de visitar la exposición con la entrada al Museo Nacional: ¢1.500 (nacionales). Adultos mayores, niños y estudiantes entran gratuitamente. La entrada es gratuita en los domingos.

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