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Tráfico de animales salvajes en Brasil: un comercio más que lucrativo

Actualizado el 02 de mayo de 2012 a las 12:00 am

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Tráfico de animales salvajes en Brasil: un comercio más que lucrativo

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Río de Janeiro (AFP). Grandes guacamayas azules y amarillas de la Amazonia, papagayos verdes, monos, tortugas, serpientes, pumas: el tráfico de animales no perdona a ninguna especie en Brasil, ni siquiera a las que están en vías de extinción, y es el más lucrativo, después de la droga y las armas.

“Según nuestras estimaciones, unos 38 millones de animales salvajes -de los cuales 80% son pájaros- son capturados ilegalmente en la selva en Brasil y casi 90% mueren durante su transporte”, explicó a la AFP Rauff Lima, portavoz de la ONG Renctas, que en 2001 publicó el primer informe nacional sobre el tráfico ilegal de animales.

Pero estas muertes se ven “ampliamente compensadas por la venta de un solo especimen” y los traficantes ganan cerca de $2.000 millones por año en Brasil, lo cual convierte a este tráfico en el tercero más lucrativo luego de la droga y las armas, una escala que se repite a nivel mundial, afirma Lima.

Fue justamente en 2001 que desapareció la última ararinha azul salvaje ( Cyanopsitta spixii ) -el guacamayo azul de la reciente película de animación "Rio"- en el estado de Bahia y solo quedan otros 70 en cautiverio en el mundo, un par de ellas en el zoológico de Rio.

La mayoría “está en manos de coleccionistas particulares que las compraron ilegalmente”, subrayó Lima.

La policía federal incauta en promedio 250.000 animales por año y el Instituto Brasileño de Medio Ambiente (Ibama) captura otros 45.000 en controles que fueron multiplicados en los últimos años en todo el país, cifras estables desde 2008.

En el Centro de Selección de Animales Salvajes (Cetas) de Rio de Janeiro, un organismo que depende del Ibama, el veterinario Daniel Neves se ocupa cada año de entre 7.000 y 8.000 animales recuperados, en general enfermos o hambrientos, víctimas de contrabandistas brasileños.

Situado en una zona de selva tropical a 75 km del centro de Rio, el Cetas se parece a un zoológico. Los grandes guacamayos disponen de una amplia jaula llamada “corredor de vuelo” que les permite practicarse para su eventual puesta en libertad tras el cautiverio.

Otras 700 jaulas de animales se acumulan unas sobre otras en condiciones precarias.

Los animales “permanecen en cuarentena hasta que su salud mejora. El objetivo es liberarlos en la naturaleza pero solo lo logramos en un 20% a 30% de los casos. Los papagayos podrían ir a zoológicos pero estos están superpoblados”, deplora el veterinario, para quien Brasil “debería contar con una ley de adopción de animales”.

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“Es seguro que quien esté dispuesto a adoptar un papagayo ciego no le hará ningún daño”, argumenta el veterinario.

“Es un verdadero problema porque ya no están aptos para desenvolverse solos en su hábitat”, dice Daniel Neves.

Brasil, con 8,5 millones de km2, posee la mayor biodiversidad del mundo, junto con Indonesia. En total, se han enumerado 530 especies de mamíferos, 1.800 de pájaros, 680 de reptiles, 800 de anfibios y 3.000 de peces.

Según el Libro Rojo del Ministerio de Medio Ambiente, al menos 627 especies están en vías de extinción, una cifra que se ha triplicado en 15 años.

La ley brasileña prohíbe la caza en todo el país, así como la detención en cautiverio de todo animal salvaje, salvo que sea producto de una crianza autorizada, muy rara en el país.

Desde 2001, la policía cierra el cerco en torno a traficantes y contrabandistas. La meta inmediata de la policía es reducir los beneficios y aumentar los riesgos de cazadores y contrabandistas, lo cual requiere un trabajo previo de los servicios de inteligencia.

Comprar en el mercado negro un papagayo verde o un tucán capturado en su hábitat natural cuesta menos de $100, mientras su valor es más de 10 veces superior en una tienda legal. Esta diferencia de precios es lo que alienta el tráfico, según la policía.

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