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Crítica de cine

Tintín y Milú

Actualizado el 31 de diciembre de 2011 a las 12:00 am

‘Motion capture’ Aventura graciosa

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Tintín y Milú

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                         Como muestra de honor a la historieta creada por Hergé, ahora Steven Spielberg recrea a Tintín en la pantalla grande y la crítica lo elogia.    DISCINE/LNHomenaje.
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Como muestra de honor a la historieta creada por Hergé, ahora Steven Spielberg recrea a Tintín en la pantalla grande y la crítica lo elogia. DISCINE/LNHomenaje.

Tintín es un héroe particularmente inteligente, lo es desde que apareció en sus primeras aventuras, en 1930, con las historietas creadas por Georges Remi, mejor conocido por su pseudónimo de Hergé. Hoy, este sagaz personaje y su inseparable perrito, Milú, llegan a la pantalla grande con el filme Las aventuras de Tintín: El secreto del Unicornio (2011), dirigido por Steven Spielberg.

Spielberg ha contado, esta vez, con la invaluable colaboración del buen cineasta Peter Jackson en la producción. Buena mancuerna. Ellos han decidido darle a la película la importante fidelidad con respecto a los personajes de Hergé y a la atmósfera que se respira en la historieta dibujada.

He de confesarles una inevitable coincidencia en mí con respecto al tema. Cuando llegaron a mis manos los libros ilustrados con Tintín y Milú, por igual tiempo, llegaron los libros con el galo Astérix y el gordote de Obélix, más toda la corte de personajes de la aldea gala enfrentada a las legiones romanos de Julio César. Allí también la presencia de otro perrito astuto: Idéfix.

Las historias del galo –de René Goscinny y Albert Uderzo– lograron separarme de Tintín para siempre. Pienso aún que las aventuras de Tintín son planas con su narración y con el trazado del dibujo, bastante simple. Esto último, lo del dibujo, es “el talón débil” de la versión que ahora nos trae Spielberg, por culpa de su fidelidad con la fuente gráfica.

Eso sí, en la película, la aventura está bastante bien animada como relato, sin respiro, aunque al comienzo le cuesta despegar desde una interesante presentación de los créditos del filme (homenaje a Hergé). Una vez que las aguas toman su cauce, la aventura maneja bien el planteamiento de la situación principal y el de las subtramas (estas como afluentes).

La acción empuja a la acción y los diálogos colaboran a esclarecer misterios o posibles enredillos narrativos, con magnífica ambientación y holgura de medios técnicos y de producción para muy buenos escenarios. La falla es la casi inexpresividad de los personajes.

La técnica misma con que se filmó este largometraje define esa tesitura monocorde de los rostros de los personajes y las grietas evidentes con sus movimientos. La cinta estaba pensada para actores reales, pero luego se pasó a la llamada motion capture, o sea, la captura de movimientos por animación desde actores que son presentados en pantalla como muñecos (formato digital).

Esta técnica nos distancia de la humanidad de los personajes, limita lo gestual y convierte sus movimientos como de títeres de cuerda. Es lo que pasa con Las aventuras de Tintín: El secreto del Unicornio, ni más ni menos.

Lo que me dio mal rato, al ver el filme, es su exceso de música, compuesta por John Williams, muy poco melódico esta vez. Es que la música se detiene solo por breve tiempo, como si quisiera subrayarlo todo, todo, todo, y a fuerza de quererlo hacer termina por no hacerlo. Cansa.

Por lo demás, hay que reconocerle a Steven Spielberg su creatividad, su afán por salirse de los moldes, su cariño al cine y a lo que él quiere llevar a la pantalla grande (eso de que le vaya bien económicamente, de eso no me toca hablar).

Las aventuras de Tintín: El secreto del Unicornio es película rutilante dentro de lo visual, chispeante con el humor, alegre con la acción y de buenas set-pieces, o sea, elaboradas secuencias de persecución, lucha y acciones bastante originales. Así pues, les queda recomendado este filme.

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