Archivo

entre líneas

Tiempo perdido

Actualizado el 03 de marzo de 2013 a las 12:00 am

Archivo

Tiempo perdido

Rellene los campos para enviar el contenido por correo electrónico.

La discusión legislativa del informe de la comisión de notables nombrada por la presidenta Chinchilla para estudiar los problemas de la gobernabilidad y recomendar soluciones, produjo pocos resultados, salvo un ominoso pronóstico sobre las posibilidades de éxito de lo propuesto.

El desenlace era previsible, tanto por la ambiguedad de la oposición sobre los cambios que reconoce como necesarios pero no está dispuesta a efectuar, como por los alcances del documento de los notables, muy superiores a las reformas puntuales más urgentes.

Tirios y troyanos reconocen, por ejemplo, la necesidad de reformar el reglamento legislativo, tanto que la oposición convirtió el tema en su único compromiso cuando tomó control del directorio del Congreso. Poco hizo por cumplir la promesa, mas nunca renegó de ella. El statu quo plantea ocasiones para el obstruccionismo y apalanca la influencia de las fracciones minoritarias, pero la defensa de su preservación es cada vez más difícil.

Es mejor hablar de otra cosa y eso, precisamente, hicieron los opositores en el plenario. Los planteamientos más polémicos de los notables abrieron un amplio espectro de temas cuyo posicionamiento en la opinión pública es menos sólido, como el aumento en el número de diputados, de los cuales se puede hablar sin riesgo.

La discusión del informe también sirvió para acusar a la administración de abdicar de su deber de promover directamente las reformas esenciales, escudarse tras los notables y estimular el debate para desviar la atención sin dejar de aparentar cierto dinamismo.

Los ajustes a la Sala IV y la revisión de los controles ejercidos por la Contraloría General de la República también son temas maduros, con alguna posibilidad de éxito si se les plantea de manera específica, sin distracciones ni oportunidades de salir por la tangente.

Si la intención era avanzar en las reformas, la vía de la comisión no resultó la más indicada. Mejor habría sido plantear los proyectos en concreto y obligar a la oposición a referirse a ellos, no a profundos cambios del sistema político, convocatorias a constituyentes y otros temas de similar talante.

La administración no tomó ese camino porque no confía en la posibilidad de forjar las mayorías necesarias para aprobar los ajustes. El pesimismo no es injustificado, pero el debate sobre planteamientos concretos, bien delimitados, con exclusión de distracciones, al menos tiene la virtud de mantener la atención centrada en lo esencial y empuja el tema hacia delante. Tras la discusión del informe de los notables en el plenario parece, más bien, que no habrá movimiento. Un tiempo valioso se ha perdido.

  • Comparta este artículo
Archivo

Tiempo perdido

Rellene los campos para enviar el contenido por correo electrónico.

Armando González R.

agonzalez@nacion.com

Editor General Grupo Nación

Laboró en la revista Rumbo, La Nación y Al Día, del cual fue director cinco años. Regresó a La Nación en el 2002 para ocupar la jefatura de redacción. En el 2014 asumió la Edición General de GN Medios y la Dirección de La Nación. Abogado de la Universidad ...

Ver comentarios
Regresar a la nota