Archivo

Librero

Tiempo sin fin

Actualizado el 09 de diciembre de 2012 a las 12:00 am

Archivo

Tiempo sin fin

Rellene los campos para enviar el contenido por correo electrónico.

Tiempo sin fin - 1
ampliar
Tiempo sin fin - 1

alfarmario@gmail.com

Fernando Leal Arias, destacado filósofo costarricense, nos presenta un nuevo libro cuyo título es por sí mismo interesante: Teoría de la eternidad . Esta obra reta al lector de filosofía a enfrentarlo, y al público en general a leerlo con curiosidad. El tema de la eternidad siempre genera interés, sólo que en este caso no se refiere a una eternidad trascendente; más bien propone una teoría en la que considera que “la eternidad es la plenitud del dinamismo y la evolución que caracteriza a todo cuanto existe [']. Como el tiempo, la eternidad es irreversible”, no tiene principio ni fin.

La obra se estructura en tres partes y seis capítulos, cada uno de ellos divido en acápites.

El capítulo primero analiza nuestra existencia y su evolución. De entre un mundo compuesto por una multiplicidad de seres diversos, existimos entre y como seres sensibles. La sensibilidad es fundamental y “se concentra en los centros sensoriales de los cerebros”. Esto permite la complejidad propia de los cerebros actuales, entre ellos los de la especie humana” (p. 28).

El capítulo segundo, “Modos de ser de lo existente” aborda la distinción que hay entre los múltiples y diversos seres, los modos de ser, existir y sentir, así como la forma de ser sentidos. Se refiere a los procesos y sucesos vividos, sean estos sociales o culturales, tanto como los naturales.

Ante la diversidad de seres, nos queda la obligación de encontrar las diferencias que hay entre ellos. Así, los seres ideales se distinguen de los sentidos por sus propiedades objetivas independientemente de la mente que las piense.

Los seres físicos se muestran más vulnerables con respecto a los seres ideales ante el cambio que se da inexorablemente con el pasar del tiempo, los cambios físico-químicos que se sucedan, etcétera, aunque unos y otros seres estén en constante interrelación.

En el capítulo tercero, “Exposición y expresión de la existencia”, Leal insiste en la necesidad de no confundir la vida con la existencia. Cuando nos reconocemos como pensantes se inicia un proceso de conocimiento de una existencia propia, llegando a distinguir entre simplemente vivir y existir.

PUBLICIDAD

El autor nos recuerda un planteamiento a Erick Fromm, cuando diferenciaba el simple vivir con el vivir con conciencia y de ser en relación con los otros seres.Fernando Leal considera que este proceso se acentúa y profundiza con el pasar del tiempo.

Con la edad, la conciencia adquiere más autoconciencia; la autoconciencia nos distingue de los seres sentidos, los que no son objetivos en sí, sino que son construcciones de nuestra mente.

Ahora bien, nuestro modo de ser-cognoscente no implica necesariamente que toda existencia sea cognoscente (p. 71). De tal manera, existimos como seres pensantes, y cada uno de nosotros somos únicos, aunque tengamos el parentesco y la semejanza con los demás de nuestra especie; pero ¿qué nos hace únicos?: nuestro organismo, nuestra biografía y nuestra conciencia (p. 80).

El capítulo cuarto se titula “La novedad en el cambio”. Los temas filosóficos aquí presentes están enriquecidos en lo esencial con una fundamentación científica.

La química, la física y la biología sirven al autor para sus interpretaciones; por ello, las tesis respectivas de tiempo, espacio, movimiento, interacciones entre seres –sean físicos, sentidos o ideales– se explican a partir de planteamientos de hombres de ciencia, como Ilya Prigogine, Stephen Hawking, Einstein, Heisenberg, Planck, etcétera.

Interpretar el mundo es posible en cuanto evolución constante pues nada se repite, no se regresa nunca a un punto de inicio, no hay ningún retorno y menos un “eterno retorno”.

Los capítulos quinto y sexto están dedicados a lo que el título de la obra refiere: teoría de la eternidad. Fernando Leal reflexiona sobre la conciencia, la substancia, la existencia, el tiempo como la fuerza de cambio universal, el espacio, las causas y los efectos (en sentido estricto no hay causas y efectos, p. 113).

En cuanto a la eternidad, el autor apunta: “Como el pasado y el futuro propiamente no existen, entonces podemos hablar de la eternidad del presente universal como proceso constante que ocurre realmente” (p. 117).

Debemos entender la eternidad como la plenitud del dinamismo y la evolución que caracteriza a todo cuanto existe.

Obra bellamente escrita, incluye índice de términos y autores: todo, de gran ayuda para el lector.

  • Comparta este artículo
Archivo

Tiempo sin fin

Rellene los campos para enviar el contenido por correo electrónico.

Ver comentarios
Regresar a la nota