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Tercer apellido

Actualizado el 03 de marzo de 2013 a las 12:00 am

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La razonada definición del novelista como “forjador de mundos épicos” se la debemos a Stefan Zweig, para quien los únicos tres grandes novelistas del siglo XIX fueron Balzac, Dickens y Dostoievski, algo con lo que sería difícil estar en desacuerdo una vez que el mismo Zweig aclara que otros como Goethe, Flaubert o Tolstói pudieron ser grandes pero, por así decirlo, no pasaron de ser grandes “autores de novelas”. No conocemos de algún intento por entrar en una definición semejante aplicada al siglo XX, aunque es cierto que Milan Kundera parece parodiar a Zweig al examinar la obra novelística de García Márquez, Rushdie y Chamoisseau, tres considerable autores de novelas, uno en español, otro en inglés y el último en francés. Por eso consideramos que cuando Kundera consagra aquella sentencia inapelable según la cual “el novelista no tiene que rendirle cuentas a nadie excepto a Miguel de Cervantes”, se refiere al novelista como lo concibe Zweig, pues el checo no puede ignorar que un escritor de novelas -al igual que un escritor de ensayos, relatos, dramas o poemas- siempre les deberá explicaciones a, entre otros, los lectores que le dedican su tiempo.

Hablábamos de esto, y de la facilidad con que muchos se autoconceden el título de novelista, con un conocido que durante muchos años nos venía amenazando con publicar un libro de su cosecha, pero al final nos comunicó que había decidido, después de todo, renunciar a su proyecto. Al hacerle la cortesía de preguntarle por sus razones, se limitó a decir que, si la casi la totalidad de los miembros alfabetizados de la especie humana no han leído El Quijote, y la fracción de quienes lo han hecho que estarían dispuestos a leer su obra maestra es insignificante, no vale la pena echarse a cuestas por esa causa el incómodo apodo de Escritor o, peor aún, el de Novelista. “Vaya hombre modesto para la época adjetival que vivimos”, pensamos e intentamos hacer la lista de todos los personajes conocidos que no soportan presentarse ante la sociedad sin mostrar un tercer apellido, algunas veces compuesto, de escritor, novelista, promotor de tal cosa, experto en tal otra o especialista en la que sigue.

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Lista demasiado larga como para escribirla, que encabezaría aquella dama que al reencontrarnos después de mucho tiempo de no verla nos obsequió un ejemplar de su tarjeta de presentación en la que figuraba su nombre con un tercer apellido: Novelista. Fingimos interés en leer su más reciente creación, pero aclaró que deberíamos esperar puesto que aún no había publicado la primera. La espera continuó hasta pasados ya más de seis años.

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Fernando Durán Ayanegui

Doctor en Química de la Universidad de Lovaina. Realizó otros estudios en Holanda en la universidad de Lovaina, Bélgica y Harvard. En Costa Rica se dedicó a trabajar en la política académica y llegó a ocupar el cargo de rector (1981).

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