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Teocracia venezolana y Colombia

Actualizado el 16 de junio de 2013 a las 12:00 am

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El Gran Conductor (apelativo de Mao en China) podría ser un sobrenombre para Maduro, pero no se lo merece porque es simplemente un camionero-presidente, convertido en el Gran Patán. El chavismo ha declarado que Hugo Chávez es el Comandante Eterno, es decir, Dios mismo. Por supuesto que el “hijo predilecto” es Maduro, y sólo falta decir que Diosdado (ojo al nombre) es el espíritu santo.

Es decir la nueva trinidad que gobierna a Venezuela, una teocracia como la de Irán, sólo que allá los ayatolas actúan como intermediarios de Dios y en Venezuela la cosa es en directo, sin intermediario alguno; si es eterno el jefe, son eternos el hijo y el espíritu que aletea detrás del poder (Diosdado, presidente del Congreso y jefe implícito del ejército bolivariano), que en lugar de la paloma se convierte en un pajarraco parlanchín. Estamos ante el Gran Fraude de la democracia latinoamericana. Salvo Perú, los demás países comen agachados de la mesa del Gran Patán y no se atreven a decir esta boca es mía.

Un doble juego. Algunos piensan que la visita del Vicepresidente Biden a Colombia no fue sólo para alabar el proceso de paz sino para regañar a Santos por su adhesión irrestricta a Maduro, que podría interpretarse como un doble juego. Interpretación no muy ajena a lo que está pasando allí. A medida que salen a la luz los desafueros de la revolución bolivariana, por ejemplo con el escándalo del periodista y presentador Silva, expulsado de Globovisión a pesar de ser chavista consumado, se va comprobando el debilitamiento progresivo de Maduro. Todo lo que no puede resolver –inseguridad, violencia, supresión de libertades a la oposición- lo convierte en oportunidad de vociferar y amenazar. Eso fue lo que hizo con Santos cuando este recibió a Capriles, cuando habló de ingresar a la Otan, amenazando con entorpecer el proceso de paz.

Los venezolanos ya tienen suficientes pruebas de hacia dónde va la revolución bolivariana y de lo que se sienten capaces los teócratas en el gobierno. Buena lección de antidemocracia aprendieron con sus amigos de Irán y con su gran inspirador, Fidel Castro. Lo que está en peligro desde hace tres décadas es la democracia venezolana. Y eso compete a toda Latinoamérica, pero especialmente a los venezolanos. Si no han reaccionado a tiempo, si faltan líderes, si permanecen pasivos ante los grandes atropellos a los que están siendo sometidos, van a tener que tragarse el chavismo, la teocracia bolivariana y la corrupción de la boliburocracia durante mucho tiempo más.

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El Gran Patán. Por otra parte la diplomacia entre algodones a que está sometida Colombia en sus relaciones con el gobierno de Maduro no es sostenible ni a corto ni a mediano plazo. Por muy buenos modales que empleen, cualquier cosa que no le guste al Gran Patán, será motivo suficiente para amenazar de nuevo. Además, el proceso de paz no puede depender de los buenos oficios del protector de una de las partes.

Admitir eso es consagrar que los diálogos de paz los maneja en realidad Cuba condicionada por el petróleo venezolano y por los estrechos nexos de Hugo Chávez con las Farc, que han sido entusiastas partidarios del régimen bolivariano, porque eso es lo que ellos querrían para Colombia. Esta situación, así ahora aparezca suavizada de nuevo por Maduro, no soporta más ambiguedades y vacilaciones por parte de Santos, quien mal haría en subordinar los intereses de Colombia a ganar unos puntos en las encuestas de cara a su reelección, pues estaría vendiendo la progenitura por un plato de lentejas. Lo que está en juego es el futuro de la democracia en Colombia, en Venezuela y en todo el continente.

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