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Tarjetas de viejos años nuevos

Actualizado el 06 de enero de 2013 a las 12:00 am

Fines del siglo XIX El inicio de un año representaba una oportunidad de estrechar lazos de convivencia

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                         aparecido el miércoles 29 de diciembre de 1897, que anuncia la impresión de tarjetas de año nuevo.Aviso
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aparecido el miércoles 29 de diciembre de 1897, que anuncia la impresión de tarjetas de año nuevo.Aviso

Cartulinas . – Francisco Camacho ofrece al público gran surtido de cartulinas de felicitación de año nuevo. Frente a la casa de habitación de don Rafael Iglesias tiene su imprenta y papelería, donde pueden verse las muestras”. Este anuncio se publicó en el periódico josefino El Diarito Costarricense (28/12/1893) y revela la existencia de un extendido hábito de felicitación en la capital y sus alrededores cuando se aproximaba el advenimiento de otro año.

La tradición de visitar las casas de familiares y amigos en año nuevo aparece documentada en poemas costumbristas de Aquileo J. Echeverría compilados en el libro Concherías , aunque se referían en particular al ambiente campesino. Sin embargo, aquellas visitas también resultaban muy frecuente entre familias de las ciudades.

Las personas de cierto poder adquisitivo mandaban imprimir tarjetas o cartulinas de felicitación de año nuevo y de visita. Esto se desprende de múltiples avisos periodísticos de la época, en los que las imprentas o talleres de encuadernación ofrecían servicios de esta naturaleza.

Así, puede leerse este anuncio en la antigua prensa: “En nuestra imprenta hacemos tarjetas de año nuevo y a precios módicos y con prontitud. Para atender al público trabajaremos hasta durante la noche” ( El Diarito , 31/12/1895). Esto demuestra la importancia que la costumbre de presentar tarjetas tenía entre ciertos sectores de la sociedad costarricense.

Las tarjetas de visita solían llevar el nombre de la persona o la familia que la remitía, y en su contenido se destacaban toda clase de deseos de prosperidad. Por sus características y propósitos, eran un medio que reforzaba los lazos de amistad.

Las visitas realizadas entre vecinos representaban una especie de culminación de las fiestas cívicas y las actividades religiosas que se entremezclaban cada fin de año e inicio del siguiente.

Conforme avanzó el siglo XX, la costumbre de entregar tarjetas o cartulinas fue perdiéndose. En su lugar, y como una herencia asociada a esta práctica, se impuso y popularizó la “moda” de intercambiar tarjetas de Navidad, muchas de las cuales traían consigo mensajes de buenaventura para esta festividad y para el año venidero.

Hasta bien avanzada la década de 1970 fue usual en las familias costarricenses que las tarjetas se colgasen en los árboles de Navidad, en las paredes de las casas o entre las figuras de los portales.

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Hoy, las "tarjetas digitales" de nochebuena y año nuevo se envían por Internet y hacen ver las cartulinas de visita de antaño como ancladas en el tiempo, aun cuando sus fines son los mismos.

Junto con las tarjetas de visita, el arribo del año nuevo de fines del siglo XIX traía consigo otros tipos de ceremonias, que marcaron una sociedad signada por la religiosidad y la tradición.

Almanaques, regalos y Día de Reyes. Los diarios de aquella época ofrecen informaciones que asociaban la celebración del Día de Reyes (6 de enero) con la asistencia masiva de feligreses a los actos litúrgicos organizados por la Iglesia Católica y con la distribución de obsequios.

Los matutinos solían entonces insertar anuncios comerciales de regalos para Navidad y año nuevo. Los avisos se relacionaban con la entrega de presentes de los Reyes Magos, historia narrada en algunos evangelios.

La prensa también informa de otras actividades relacionadas con los magos de oriente: “ Fiestas . Se preparan muy alegres las del domingo de Reyes. Las familias que quieran asistir deben buscar con tiempo sus localidades en los tablados, pues se aguarda mucha concurrencia. El ganado que se va a jugar será aún mejor que el de los días pasados”.

En efecto, el Día de Reyes parecía ser la culminación de las festividades religiosas y cívicas que se celebraban en diciembre.

El otro elemento llamativo del año nuevo se relacionaba con la venta de calendarios anunciada en los periódicos josefinos:

Almanaque Costarricense . Tal es el nombre del precioso folleto que ha visitado últimamente nuestra redacción. Contiene importantes y bellas composiciones literarias. El señor Font vende estos almanaques en su casa de habitación” ( El Diarito , 11/1/1894).

Otros negocios, como la Librería de J. A. Montero, promovían la venta de calendarios sencillos y de fantasía para casas de habitación y oficinas. Algunas empresas, como la imprenta y papelería de José Canalías, informaban de la venta de almanaques “al por mayor y menor” ( La Prensa Libre , 4/12/1894). Como puede observarse, el negocio asociado con el tiempo preservaba absoluta vigencia en la Costa Rica de fines del siglo XIX.

“Pasar la hoja de calendario” fue un dicho popular en nuestro país, pero está cada vez más en desuso a causa de la difusión de las agendas electrónicas y de las tecnologías de la información. Sin embargo, aquel dicho resulta proverbial de una época y de una sociedad que nos antecedieron hace poco más de una centuria.

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El autor es Coordinador del Programa de Estudios Generales de la Universidad Estatal a Distancia y profesor asociado de la Universidad de Costa Rica.

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