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Tamela Hedström: La cantante sueco-tica en la puritica calle

Actualizado el 27 de noviembre de 2011 a las 12:00 am

Sin la música muere y los medios la atraen como abeja al panal. Canal 9 la olfateó y se robó el mandado. Tamela Hedström se mete con la gente de a pie en Así vivimos los Ticos, su nueva experiencia televisiva.

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Tamela Hedström: La cantante sueco-tica en la puritica calle

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Digámoslo sin ambages. La naturaleza ha sido generosa con Tamela Hedström. A la entrevista con Teleguía llegó de jeans, con una chaqueta de invierno y ni una gota de maquillaje. Aun así, su esbeltez y atractivo físico son notables. Tanto que tuercen miradas. Posee sobrada simpatía y facilidad para comunicarse con cercanía y calidez. A sus virtudes se suma el talento de una mujer que desde los 16 años de edad se ganaba la vida como instrutora de baile y que ahora es cantante profesional.

Tamela es dueña de la visión multicultural propia de quien nació, creció y maduró en tres países y culturas distintas y quien, producto de los continuos viajes de sus padres, tuvo que estudiar en 11 colegios y escuelas diferentes, siempre rodeada por personas de múltiples nacionalidades.

De padre sueco y madre ecuatoriana, Tamela hace gala de una amplia visión de mundo y por eso fusiona, como suele hacer con su música, aquello que más le atrae de las culturas que conoce y lo pone al servicio de su formación y crecimiento personal.

Su vida, sin embargo, no ha estado exenta de obstáculos y pruebas. Un serio accidente de tránsito, en el 2004, justo cuando comenzaba a impulsar con determinación su carrera como artista (le abrió con éxito el concierto a Chayanne en julio de ese año y grabó maquetas en Suecia de Mezcla, su primer disco), la tuvo seis meses en el hospital. Fue operada 24 veces y requirió de casi dos años de terapias de recuperación. Durante sus largos períodos de hospitalización la mejor opción que le daban los médicos era la de amputar su pie izquierdo. Tamela opinaba distinto. Un ‘no’ tajante fue siempre su respuesta.

La experiencia resultó ser una fuerte dosis de “ubicatex” y de humildad, aunque sirvió también para agregar tenacidad y perseverancia a los atributos de su carácter y gracias a ellos pudo salir airosa de tan dura prueba.

Tamela es una enamorada confesa de la música soul. La pasión por este género es hilo conductor de sus composiciones y el ingrediente esencial que le pone sal y sabor a su vida.

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Fue la música la que la llevó a la televisión por primera vez en el 2005. Estéreo, un programa de canal 7 de vídeos musicales juveniles marcó su debut en pantalla. Más tarde tuvo una inesperada participación en la versión sueca de American Idol y su última aparición en la tele fue en Intrusos de la Farándula de Repretel, como jueza de música en el segmento de concursos, Quien sabe, sabe.

Ahora es el recién estrenado canal 9 el que le da la oportunidad. El espacio Así vivimos los ticos le cayó como anillo al dedo. Ella espera aprovechar el programa para cumplir con su objetivo de dar a conocer las distintas facetas e historias de vida de los costarricenses.

--¿Cómo se dio lo de Así vivimos los ticos?

--Ellos estaban buscando algo diferente y después de algunos casting me escogieron. Estuvieron valorando diferentes programas y querían una parte más humana y al final quedé en el proyecto que yo quería, que es Así vivimos los ticos. El primer programa fue sobre las presas y el segundo me encanto porque trató sobre música. Entrevistamos a un salsero, a una cellista, un rapero y un metalero. Les preguntamos cómo vivían de la música y por qué eligieron hacerlo siendo en Costa Rica tan difícil.

--¿Qué le agrada más de esta nueva experiencia?

--Lo bonito es que es una temática interminable. Quisiera profundizar en los temas y que el costarricense sienta que puede contar su historia.

--Antes la vimos en Intrusos, ¿por qué?

--Cuando me llamaron me dijeron que iban a hacer un programa en Repretel sobre conocimientos y que me querían como jurado de música. No fue hasta la segunda reunión que me dijeron que era un segmento de Intrusos. Al principio me quedé dudosa por la parte conflictiva del programa, pero por otro lado me alegró que no fuera una competencia vacía sino que premiaran el conocimiento.

--¿Y fue lo que esperaba?

--No, no fue lo que me esperaba. Me sorprendió lo poco que se informa la gente, porque había unas preguntas muy generales que los concursantes no sabían contestar, ya sea porque no les interesaba saberlas o porque no lo tomaban en serio. Llegaban al programa sin informarse.

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--A propósito de cultura. Usted vivió en Suecia y en Costa Rica la mayor parte de su vida. ¿Cuál de las dos culturas se impuso?

--Yo adoro la cultura sueca. Me encanta que allá se hace exactamente lo que se dice. Uno no espera sorpresas. Con un tico nunca se sabe lo que va a pasar. El sueco te dice nos vemos en el 2014 a las 2 de la tarde y ahí va estar parado esperándote. Aquí todo cambia, las amistades, el clima, cambian las leyes, de cierta forma la palabra no existe. La palabra es una posibilidad, y eso no sucede con el sueco. Cuando el sueco dice “sí” ha pasado por todo un proceso de análisis de que sí realmente lo puede cumplir. Si perdés la palabra en Suecia no sos nadie. Perdiste el respeto social por siempre. Eso (cuando vivió allá) al principio me costó entenderlo, pero me encanta.

--Pero vive en Costa Rica...

--Claro, yo la infancia la viví aquí y por eso me siento tica. Volví a Suecia cuando tenía 10 años, pero cuando tuve la oportunidad de regresar a Costa Rica no lo pensé dos veces. El escandinavo es muy fiel y muy correcto, pero es mucho más individualista y distante. Con decirle que uno no se besa al saludar aunque sea amigo de años. Yo lo que he tratado es de tomar lo mejor de cada cultura. Trabajo y me organizo como sueca. Yo siempre tengo un plan b y hasta c por si es necesario. El tico es de decir, ¡diay no se puede!

--Su papá es biólogo y su mamá socióloga, ¿de quién heredó el gusto por la música?

--Desde pequeña crecí en un ambiente en donde ambos querían el bien social. De parte de mi papá (Ingemar) el bien ambiental, y de mi mamá el bien social entre culturas. Eso me hizo muy sensible y creo que esa sensibilidad es parte del por qué elegí ser cantante, porque es una forma de transmitir lo que siento de una forma accesible y sin causar tanto conflicto y destrucción.

-- ¿Las letras de sus canciones son de contenido social?

--Yo no tengo letras tan profundas en el aspecto social, pero de pronto sí toco algunos temas que la gente puede asociar de muchas formas. Puede pensar que es una canción de amor, o de amistad, y la amistad puede ser entre personas y culturas.

--¿Y por qué no ser más directa con el mensaje social?

--Siento que la gente toma la cultura de su país con mucho orgullo y si pones eso en duda o lo criticas, la reacción de la gente es el ataque y cerrarse. No abre sus oídos ni comienza a analizar por qué nosotros no arreglamos nuestras calles. Por qué si somos un país ecológico no cuidamos más la naturaleza. Yo no vivo tanto la lucha como mi hermana (Marine) que tiene 14 años de vivir y trabajar en Talamanca, pero sí la siento, y la siento muy cerca de mí.

--¿Qué edad tenía cuando sucedió el accidente y qué implicaciones tuvo en su vida y en su carrera?

--Tenía 23 años y te puedo decir que me paró la vida. Había perdido el talón de Aquiles y los tendones; la tibia se había partido en tres partes. Mi pie colgaba de un poco de piel; (los médicos) me querían cortar el pie desde el principio y eso hubiera sido lo más fácil. Me habrían puesto una prótesis y habría estado caminando en tres o seis meses pero como había sido bailarina no quise. Después del atropello estuve una hora y media tirada en la calle y casi me muero desangrada. En total me hicieron 24 operaciones. De no haber sido por la terquedad de querer volver a bailar, ya no tendría pie.

--¿Se arrepintió en algún momento de haber insistido tanto para evitar la amputación, que habría sido mucho más fácil?

--Con la operación número 21 mi cuerpo ya no aguantaba más y el dolor era insoportable. Fue entonces cuando comprendí la gravedad de lo que me había ocurrido y fue también la primera vez que quise gritar “¡corten esta mierda!” y yo nunca había pensado de esa manera. A mí me decían “olvídese de bailar” y yo pensaba, “usted olvídese de que yo no voy a volver a bailar”.

--¿Y puede bailar ahora?

--Sí. A mí me operaron en un hospital militar de Bogotá y después de eso comencé a tener más movilidad y fuerza. Anduve en muletas por años y después de eso pude caminar más normal y cumplí mi meta de volver a bailar, no profesionalmente, pero sí puedo bailar. La cicatriz en mi pie es parte de mí. Quitármela sería como quitarme la cara.

--¿Qué cambió después de eso?

--Me cambió la perspectiva del amor al cuerpo humano. Una como mujer tiene muchas vanidades, inseguridades y estupideces y eso me lo quitó a cachetadas. Antes tenía mis angustias y pendejadas y con esto como que me centré y entendí lo que para mí era más importante. Antes hacía mil cosas y nunca las terminaba. Trabajaba sin descansar, pero sin concretar y sin valorar qué era importante. Con el accidente me puse a pensar cuáles eran mis prioridades.

--Luego hasta fue modelo en Soho ...

--(Se ríe) Primero dije que desnuda no. Luego me dijeron que podía estar vestida lo tomé como un reto personal y un homenaje a lo que fue el baile para mí, gracias a él pude recuperar mi pierna y fue rico estar en un estudio de baile otra vez. Fue vacilón celebrar ese mes mis treinta años en la revista. Tengo 30, ¿y qué? (lo dice en tono jocoso). Estoy orgullosa de que mi cuerpo haya aguantado tanto y me gusta enseñarlo. No es algo que quiera seguir haciendo, pero que rico tener 80 años y recordar cómo me veía. Laboralmente no me interesa (ser modelo), pero el cuerpo hay que celebrarlo.

--Cuéntenos de su experiencia en Swedish Idol (versión sueca de American Idol)

--Cuando me recuperé del pie volví a Suecia para grabar y trabajar ahí de nuevo. Yo iba a trabajar un mes pero uno de los productores me hizo una audición sorpresa y terminé dentro de los 100 finalistas. Entonces fui y me interné tres días para ensayar y quedé en los 16 finalistas del programa y eso cambió un poco mi plan. Irónicamente, cuando el programa salió al aire los periodistas suecos vieron que tenía video clips en Costa Rica, y apariciones en muchos programas nacionales como De Locos, La media docena, y Giros, programas donde yo llegaba a cantar, y supusieron que yo era una cantante famosa en Costa Rica, lo cual no era así, pero el público pensó distinto y me echaron.

--¿Había un juez como Simon Cowell?

--Sí, de hecho él me tenía como favorita y cuando salí del programa comenzó a ayudarme y a contactarme con productores porque querían firmarme con Sony. Me quedé 6 meses trabajando allá, arriesgando mi relación con mi novio, que ahorita es mi esposo. Me di cuenta de que no quería trabajar con pop y para trabajar en Suecia había que trabajar con ese género. A mí me gusta fusionar soul con otros géneros y entonces preferí no firmar con nadie para no amarrarme.

--La industria de la música es muy difícil...

--Sí, pero yo no quisiera dejar la música por impedimentos de la industria, porque si no tengo música no soy feliz. Mi vida no esta completa. Yo soy realista con estos impedimentos, conozco la jugada y de un día a otro puede cambiar todo tu panorama. Ahora quiero darme a conocer con mi nuevo disco (Tamela) y luego seguir con contactos que tengo de afuera en Europa, aunque mi mercado principal es América Latina. En Costa Rica tenemos mil géneros. Es un país muy pequeño, pero yo fusioné los que puedo cantar y los comparto en este disco, siempre con soul y pasión porque el soul es el género que me hipnotiza. La pasión, el dolor y el amor que tiene el soul, ese es el hilo conductor de mi disco.

--¿Usted misma compone las canciones?

--La mayoría son canciones mías y no me limito a ningún género. El disco que viene se llama Tamela porque quiero que me conozcan y en él tengo canciones en ritmo de salsa, funk-rock, baladas, boleros y por supuesto, soul. Pero también me gusta trabajar con otros artistas. Elvis Porras, por ejemplo, me cedió una canción y yo le escribí la letra y con María Pretiz trabajé otra. También he trabajado con Escats, Humberto Vargas, LePop, Master Key, Dan Robinsson, Chocolate, Felipe Solís (Tango India) y Checko D’Ávila, entre muchos otros.

--¿Cómo es su esposo?

--Mi esposo (Adriano Martino) es italiano. Su papá se enamoró de Costa Rica y construyeron un hotel en La Garita (Alajuela). Tristemente él falleció y mi esposo se hizo cargo del negocio desde muy joven. Él es muy luchador, muy familiar' muy italiano. Es muy inteligente, le gusta mucho la literatura antigua, pero no baila ni canta (se ríe).

--¿Qué dijo él de que usted apareciera en Soho?

--Al principio no le parecía la idea, pero yo le expliqué mis razones y él entendió. Luego cuando vio la revista y las fotos se convenció de que no había nada de malo con eso.

--¿Come mucha comida italiana?

--Sí, pero me hace falta mi comida, mi arroz y mi plátano maduro. Ellos (los italianos) no mezclan dulce con salado, ni se comen un chifrijo, y aunque me encanta la comida italiana siempre me hace falta la latina.

--¿Piensan tener hijos?

--Me encantan los niños y Adriano hace mucho que quiere hijos, pero aún no es tiempo porque cuando los tenga quiero dedicarles mucho tiempo y por ahora tengo muchos proyectos en mente.

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