Sunami de fresas tras el terremoto

Lejos de echarse a morir, los pueblos afectados por el sismo de Cinchona en el 2008 tomaron un segundo aire e innovaron con una serie de productos singulares: ceviche, gazpacho, vino y tequila... todos ellos de fresa.

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Fresa, culantro, cebolla, limón y un ingrediente secreto que es la esencia de la receta y que el creador no revelaría aunque lo sometieran a tortura. Esos son los ingredientes del “freciche” (ceviche de fresa), innovación del popular local Fredo Fresas y una de las creaciones culinarias más suculentas y apetecidas en la zona del volcán Poás, en Alajuela.

Este es solo uno de las decenas de platillos que se preparan allí con esa sabrosa y abundante fruta como base.

La lista de especialidades incluye vino de fresa, fresas bañadas en chocolate o en leche condensada, plátano horneado con almíbar de fresa, gazpacho de fresa y hasta “frequila” (tequila de fresa).

Vara Blanca, Poás, Poasito, Fraijanes y Ujarrás son el epicentro de la fresa en Costa Rica. Allá se produce, procesa y comercializa, pero también se utiliza para innovar y sorprender.

Precisamente fue la fresa, en combinación con el compañerismo, el espíritu de trabajo y los deseos de salir adelante, los que lograron poner a caminar a estas comunidades después del terremoto del 8 de enero del 2009.

Aparte del doloroso saldo de muertes que dejó, este sismo también se trajo abajo viviendas, negocios, casas y sueños.

Pero, en vez de echarse a morir, los habitantes de estos poblados empezaron a trabajar con imaginación y esperanza, para reincorporarse a la competencia y atraer de nuevo al turismo.

“Hubo mucho sufrimiento por el terremoto. Perdimos la casa y el restaurante se afectó bastante... Fue como comenzar de nuevo pero todo nos ha salido bien. La comunidad se unió y hemos tratado de ir creciendo, y tuvimos un repunte. Más que un segundo aire, fue una lección de vida”, dice Freddy Vargas, verdadero nombre de Fredo Fresas , el apodo con que bautizó a su restaurante, ubicado sobre la carretera al Poás.

El sunami de fresas y sus singulares productos derivados se concentraron el fin de semana pasado en un mismo lugar, en la feria denominada “La ruta hacia las innovaciones de la región del Poás”, celebrada en Fraijanes de Alajuela, en el marco del proyecto de promoción de la innovación en las empresas promovido por el Instituto Nacional de Aprendizaje (INA) y la Cámara de Turismo y Comercio de la región del volcán Poás .

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Para Isabel Vargas, presidente de esa Cámara, la feria pone de manifiesto la buena coordinación y el aprovechamiento de los recursos de la región, así como el esfuerzo de todos.

“Después del terremoto de Cinchona, surgieron difíciles condiciones para empresarios y pobladores. Algunos comerciantes se vieron obligados a cerrar sus negocios, pero la mayoría de nosotros hemos seguido luchando, unidos en un proceso de reinvención”, manifestó Vargas.

Aires franceses

Joel Suire, un chef de nacionalidad francesa con más de 33 años de vivir en Tiquicia y 12 de residir en Vara Blanca, Heredia, presentó uno de los productos que más cautivó a los asistentes: el “frequila”, o tequila de fresa, un licor digestivo, fuerte y agradable al gusto.

Básicamente, el truco consiste en dejar a la fresa reposar en aguardiente durante un buen tiempo. A la hora de consumirlo, primero hay que comerse la fresa, que ya ha absorbido una buena parte del alcohol y tiene, por ende, el sabor de “fresa borracha”. Acto seguido, se bebe el licor.

“La idea viene de mi madre; ella hacía lo mismo con la cereza en Francia. Yo decidí hacerlo pero con la fresa, porque aquí hay mucha y de muy buena calidad”, asegura, con su acento francés, el cocinero.

Suire reconoce que el golpe del terremoto fue duro, pero destaca que, ya al día siguiente del sismo, estaba trabajando junto a los suyos para sacar la zona adelante.

Siempre en el campo de las bebidas etílicas, en el stand de Fresal del Valle, se ofreció un vino dulce a base de fresa capaz de hacerle la boca agua al propio Baco.

Además, para acompañar el jugo espumoso, esa misma microempresa tenía a disposición fresas (del tamaño de dos pulgares juntos) cubiertas con chocolate o leche condensada, así como cáscaras de naranja con esos mismos acompañamientos.

Por su parte, la emprendedora Lili Arce Solano puso a los asistentes a chuparse los dedos con una sopa fría de fresa, que a cualquiera le recordaría un gazpacho, aunque ella insiste en que es “sopa” y no “gazpacho”.

Incluso la presidenta Laura Chinchilla, quien probó su platillo, lo llamó gazpacho, pero doña Lili insiste en apegarse al nombre original.

Más allá de recetas y platillos, pero siempre hablando de fresas, Óscar Aguero Miranda, del Souvenir y Tramo Linda Vista, se ha dado a la tarea de comercializar centros de mesas adornados con esta fruta para bodas, quinceaños y tés de canastilla. No solo decoran sino que al final de la fiesta pueden darle un gusto al paladar.

Igualmente, una microempresa desarrolla tours de fresa orgánica. Llevan a los turistas a los sitios donde se cosecha esta fruta, les explican cómo se produce y procesa, y les hablan de las condiciones climatológicas y geográficas requeridas para el cultivo.

El objetivo es que las personas disfruten de la naturaleza, el aire libre y el paisaje verde, al tiempo que aprenden aspectos interesantes sobre la fresa y sus derivados.

Paté de conejo

Si bien el poder de la fresa en la zona del Poás es indiscutible, también ha habido otras innovaciones gastronómicas, igualmente sabrosas y singulares. Tal es el caso del paté de conejo que se prepara en el centro turístico Colinas de Poás. Allí se hacen varios platillos con la carne de este animal, por lo que decidieron aprovechar su hígado para elaborar el embutido.

Asimismo, comercializan productos gourmet como dip de trucha ahumada y trucherones (pedacitos de trucha con aceite de oliva y otros condimentos).

En el centro turístico hay un criadero de conejos y otro de truchas. Katherine Thomas Solís, ; una de sus representantes, dijo que el modelo del lugar busca aprovechar los recursos de la zona y beneficiar a sus pobladores.

“Sin duda, el terremoto nos movió, y no queríamos dejar sin trabajo a tanta gente, por eso la empresa debió reinventarse y dar un valor agregado a sus servicios”, manifestó.

Chiles y salsas picantes orgánicas, es decir, sin los preservantes que caracterizan a las que se venden en los supermercados, también están dentro de la oferta de los emprendedores poaseños.

Gerardo Castro promociona la marca de encurtidos y salsas Scarlet, que incluye una llamada Moradito, hecha a partir de remolacha, y otra de nombre Manudito, cuyos ingredientes son mango, zanahoria y un toque de papaya.

“La primera es para los saprissistas, y la segunda, para los liguistas. Para todos hay, solo se requiere probar”, manifestó.

Ahora bien, ¿dónde se consiguen todos estos productos? Si usted quiere ser arrastrado por esta avalancha de fresas y demás creaciones gastronómicas que se producen en la zona del Poás, deberá visitar la región... Así, de paso, disfrutará del campo y descansará de la ciudad.

En carro, el viaje puede tomarle una hora si parte de San José y unos 30 minutos si sale de Alajuela o Heredia.

De igual forma, la Cámara de Turismo y Comercio de la zona pretende que todos estos proyectos se materialicen con una acción, también innovadora y efectiva, de las instituciones públicas y los gobiernos locales que les permita comercializar sus productos en otras regiones del país e incluso fuera de sus fronteras.

Para los productores tal respaldo es fundamental para que la ola de este sunami crezca y tenga una magnitud superior al terremoto de hace cuatro años.

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