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¡Soltar amarras!

Actualizado el 19 de septiembre de 2012 a las 12:00 am

Elementos para la estrategia del país en busca de una nueva educación

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Nuestro sistema educativo tiene más de siglo y cuarto de existencia y si bien es cierto ha sido la estrategia para el desarrollo personal, social y económico del país; para la mitigación de la pobreza y la inequidad, también lo es que, desde hace al menos treinta años ya cumplió su misión y está desgastado.

Esta realidad se ha convertido en una preocupación que es sabida, conversada y compartida de manera general en el país. Diversos diagnósticos, como el del Estado de la Educación , la reflejan, la sustentan y la confirman.

De la preocupación y compromiso de muchas personas surge una gran variedad de propuestas para atender algunos aspectos de esta problemática. Desde hace más de 20 años escucho decir que es necesario fortalecer la educación técnica; que el estudiantado debe dominar uno o dos idiomas (además del castellano); que hay que innovar la formación de docentes; que es necesario cambiar la forma en que se evalúa el aprendizaje; que la tecnología digital debe utilizarse de manera más creativa, etc. He visto pasar interesantes propuestas relacionadas con estos y otros temas de la educación nacional.

Pero en términos generales, y con contadísimas excepciones, las propuestas no alzan vuelo. Languidecen y mueren al poco tiempo de ver la luz.

La razón de esta inmovilidad, es que todas las propuestas, por más urgentes e innovadoras que sean, están sujetas por algunas amarras estratégicas que las atan a tierra. Lamentablemente, los mayores esfuerzos, la atención e incluso las promesas políticas se centran en las propuestas, ignorando (tal vez de propósito) las amarras que las asfixian.

Lo más interesante es que (al menos en los grupos de reflexión sobre la educación pública nacional en los que participo regularmente) también hay consenso en que, para cortar los hilos, se requeriría de un muy serio acuerdo nacional, debido a que significará tocar intereses creados; interponerse al statu quo, intentar detener la inercia, además de atreverse a soñar con el cambio de leyes y reglamentos. Y más aún, de nada servirá soltar unas amarras, si se dejan atadas otras. Podrían liberarse en distintos momentos, pero el país debe comprometerse a cortarlas todas. ¡Tamaña tarea! Pero si no la acometemos, nuestro centenario sistema educativo seguirá en una agonía perpetua: sin poder morir y sin condiciones para sanar.

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Algunas de estas amarras que hay que soltar son estas:

El Consejo Superior de Educación. Es el órgano constitucional rector de la educación pública del país, pero la forma en que está conformado no le dejan cumplir con el propósito por el que fue creado. Es necesario darle más flexibilidad, incluir a más sectores de la sociedad en su integración y redefinir su misión y funciones.

Contratación de docentes. La instancia de Servicio Civil Docente responsable debe especializarse y contar con equipos profesionales interdisciplinarios y todos los recursos materiales, digitales y las baterías de evaluación que necesite para garantizar que la contratación se haga por idoneidad, tal como se hace en el sector privado.

Formación de docentes. El Estado no puede delegar la calidad de la formación de docentes al hecho de que las carreras universitarias estén acreditadas o no. La acreditación debería ser el mínimo común denominador. Pero, en busca de la excelencia, el Estado debe demandar perfil idóneo para la formación de los futuros docentes y solicitar a las universidades investigación en pedagogía que sea innovadora y prospectiva.

Comunicación y colaboración. Si bien las nuevas tecnologías digitales no garantizan en sí mismas la calidad en el aprendizaje y la educación, es un hecho que no existe educación de calidad sin el acceso a la información, el conocimiento y a las posibilidades de comunicación y colaboración que ofrecen. Por eso, el país debe comprometerse a lograr (en un plazo razonable) ancho de banda suficiente y simétrico en todo el territorio, y que cada persona tenga su dispositivo para uso personal.

Ejecución del presupuesto. Aunque un presupuesto generoso y creciente para educación es un ideal, no hay avance posible mientras no se garantice que el que se asigne no será sub-ejecutado.

Hay otras amarras, pero estas cinco pueden dar una idea de la estrategia que debe seguir el país en busca de una nueva educación.

Al soltar amarras, muchas propuestas que se vienen ofreciendo desde hace años encontrarán el viento en popa que necesitan.

¿Utopía? Tal vez. Pero buscar soltarlas nos puede estimular a preparar el despegue de la educación pública de nuestro país.

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