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Sección Femenina de la Falange: ¿receta de Chaverri?

Actualizado el 25 de abril de 2012 a las 12:00 am

Si incumplimos con el rol tradicional de género, seremos castigadas

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Sección Femenina de la Falange: ¿receta de Chaverri?

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Así parece ser. Podríamos concluir que con su artículo sobre la violencia doméstica (La Nación, Página Quince, “No le grite, escúchelo”, 18/04/2012) nos está remitiendo a la premisa: “hay que ser femeninas y no feministas”, tal y como lo hizo en su momento, doña Pilar Primo de Rivera, quien estaba a la cabeza de la Sección Femenina de la Falange Española. Esa era la rama de la organización político-militar de extrema derecha que se dedicó, entre otras cosas, a la defensa de la moral impuesta como norma obligatoria para todos, por el general Francisco Franco, dictador de España. Y es que como la Falange no admitía la participación de mujeres, fue preciso ofrecer una alternativa para canalizar ese ímpetu de colaboración ofrecido por las señoras simpatizantes de este régimen fascista.

Esta agrupación de mujeres activistas políticas y religiosas trabajó arduamente entre los años 1934 y 1977. Ellas se encargaron de predicar y educar, apasionadamente, a todas las mujeres y niñas que fuera posible, de modo que siguieran, con el más profundo convencimiento, las normas para ser una buena mujer, buena esposa y buena española.

Según la ideología de la Falange, esas normas se pueden resumir así: ser obedientes, silenciosas, serviciales, abnegadas y sobre todo, dispuestas a tolerarlo todo, perdonarlo todo, soportarlo todo. Tolerar, soportar y perdonar cualquier agresión, cualquier exceso que el marido cometa. Entender que su bienestar es el que importa. Entender que las mujeres hemos venido al mundo a servir. Ese es el centro mismo de la moral franquista.

En un manual titulado Economía doméstica para bachilleratoy magisterio, publicado por la Sección Femenina en el año 1958, dice así: “Ten preparada una comida deliciosa para cuando él regrese del trabajo. Especialmente, su plato favorito. Ofrécete a quitarle los zapatos. Habla en tono bajo, relajado y placentero”. Salta a la vista el parecido entre esta indicación sobre cómo ser una buena esposa y la recomendación del Sr. Chaverri para evitar la violencia doméstica. ¿Cómo no hacer la comparación? Resulta obvio que el mensaje es el siguiente: una buena esposa, si sabe cuál es su lugar, evitará ser violentada por su marido. Es decir, la violencia doméstica es el resultado de incumplir con nuestro sagrado deber.

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¡Es por eso que le tienen tanto temor al feminismo! (Y, por favor, recordemos que el feminismo emerge como un movimiento social que reclama el fin de la discriminación hacia las mujeres, no es un equivalente del machismo puesto que no plantea la superioridad o dominio de lo femenino, ni nada por el estilo, sino la igualdad entre mujeres y hombres). Ha sido la teoría e investigación feministas las que han expuesto, con rigurosidad metódica, las causas de la violencia contra las mujeres, las niñas y contra todas aquellas personas que incumplen con el mandato emitido desde la masculinidad hegemónica. Este tipo específico de violencia es uno de los mecanismos patriarcales para controlar la vida de las mujeres. Hay una advertencia muy clara detrás de cada acto de violencia que tiene lugar en el ámbito familiar o doméstico: si incumplimos con los deberes impuestos bajo el rol tradicional de género, seremos castigadas.

Comprender esta realidad es una amenaza directa hacia el estado de las cosas que defienden las voces del conservadurismo social y económico, voces como la de don José Joaquín. Por eso es tan importante para esos grupos hacer del feminismo una suerte de mala palabra, un enemigo público. Doña Pilar lo sabía, y por eso hizo esta afirmación, tan falsa como peligrosa: “La vida de toda mujer, a pesar de cuanto ella quiera simular –o disimular– no es más que un eterno deseo de encontrar a quien someterse”.

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