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Legado histórico y cultural

San José resguarda más que santos en sus iglesias

Actualizado el 20 de abril de 2013 a las 12:00 am

Esculturas y ubicación de iglesias narran secretos de estos lugares

Restauración de templos ha permitido conocer más detalles sobre ellos

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Más que altares para ir a rezar, los templos josefinos son bibliotecas y museos, cuyos secretos y objetos son religiosos, pero también curiosos y hasta históricos.

Su iluminación, esculturas y ubicación dicen más de lo que aparentan. En la iglesia de la Merced –frente al parque Braulio Carrillo–, las luces lúgubres son a propósito, para remitir al vientre materno pues el templo está dedicado a la Virgen María, madre de Jesús, dijo su párroco Marvin Benavides.

Nada más entrar a esta iglesia, restaurada en 2006, un Cristo crucificado golpea al visitante con expresiones cargadas de realismo. Su aspecto no es casualidad.

El escultor Manuel Zúñiga se tomó muy a pecho la tarea de realizar la obra. Según el padre Benavides, los fieles cuentan que el artista “iba a los hospitales para mirar los rostros de los agonizantes y entender el proceso de la muerte. Lo primero que hizo fue la cruz y dicen que se acostaba y miraba sus brazos para ver la posición que tenía ”, dijo el párroco.

La imagen de la Virgen de la Merced también tiene su historia; este año alcanza las nueve décadas y exhibe, a sus pies, unas cadenas que le regalaron los presos de la cárcel de Puntarenas.

Como esta imagen se considera “la Patrona” de los presos, el padre Marvin Benavides decidió pedirle al sacerdote del presidio porteño que oficiara misa, le diera su bendición a unas cadenas de esa cárcel y se las enviara luego para colocárselas a la imagen.

Pero cuando los reos se enteraron de que las cadenas eran para su Patrona, recolectaron dinero y compraron unas nuevas.

Todas son de hierro, excepto una que mandó un reo con mensaje incluido: “Quiero que le pongan una de plástico, para que le digan a la gente que las cadenas, cuando uno tiene a Dios en el corazón, se hacen livianas”, contó el padre.

Este templo neogótico alberga también una imagen del Dulce Nombre de Jesús, del escultor Zúñiga. “Ahí donde usted lo ve, él era de traje blanco y tenía la Tierra (la esfera sobre la que está apoyado) en azul. Cuando comenzaron a decapar la escultura, nos dimos cuenta de que la bola era de oro, lo mismo que el traje de la imagen”, dijo Pablo Vargas de la comisión de restauración del templo de la Merced.

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Esta no es la única iglesia que tiene algo más para contar, la catedral metropolitana —frente al parque Central— y la iglesia de la Soledad —ubicada frente al paseo de los Estudiantes— tienen sus propias leyendas y curiosidades.

Así, el sagrario que exhibe la catedral en la actualidad, es lo que se conoce como un “falso histórico”. Es decir, “una réplica, pues el original sufrió la demolición cuando en el país se tomó la decisión de ampliar la avenida segunda”, comentó William Monge, arquitecto restaurador .

Sorpresas como velitas eléctricas también aguardan a quienes visitan el templo, en busca de que sus plegarias sean escuchadas.

Antes, pequeños candelabros permitían a los fieles comprar velas y encenderlas para que el humo transportara sus plegarias hacia las alturas. Ahora es diferente y el cambio “se hizo con la intención de que el humo de las velas no vaya a dañar las pinturas y objetos que ahí se resguardan”, aseguró Monge.

Otra curiosidad es que, las estructuras como la del templo de la Soledad son de las pocas que se sostienen “sin una gota de acero”. Esta iglesia se erigió con un sistema de mampostería. Este sistema consiste en colocar ladrillo sobre ladrillo, sin nada más que sostenga la estructura.

Las campanas que lo adornan llaman la atención pues tienen nombres: Fe, Esperanza, Caridad y Avemaría, explicó Roberto Guzmán, quien, junto a José Pablo Ávila, organizó esta semana un recorrido por San José llamado Nocturbano , para compartir detalles como estos con los curiosos.

¿Túneles secretos? En ese recorrido no faltó la pregunta de si hay túneles secretos que conecten de manera subterránea a la catedral o a las demás iglesias.

Pablo Vargas, quien participó en la restauración de la Merced, aseguró que este es un tema que inquieta a la gente. “Esos pasadizos, que sí los hay, fueron los que después se convirtieron en cloacas”, concluyó Vargas, asegurando que no son lo que la gente piensa.

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Monserrath Vargas L.

movargas@nacion.com

Periodista de ciencia y tecnología

Redactora en la sección de Aldea Global de La Nación. Periodista graduada por la Universidad de Costa Rica. Escribe sobre ciencia y tecnología.

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