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Robles de cien y más

Actualizado el 06 de enero de 2013 a las 12:00 am

Escaparon a la demencia, el cáncer y los infartos. Ellos HAN TRASPASADO EL SIGLO DE VIDA. Hoy, más de 500 ticos superan los cien años de edad.

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Sentado bajo el alero de su casa, en Dulce Nombre de Nicoya, Victorino Fajardo Fajardo deshoja el árbol del tiempo. “Nací en enero, y creo que tengo como 102 años. ¡Pregúntele a Mary!”, dijo en alusión a la mayor de sus cuatro hijas, de 72 años. Mary pronto se apresuró a precisar: Victorino nació el 24 de enero de 1911.

Lúcido y fuerte como un roble, este campesino no sabe cómo ni por qué ha llegado a vivir tantos años: “Mis amigos ya se murieron toditos. No hay nadie de los que trabajaron y anduvieron conmigo. ¡Nadie, nadie! Todos los que trabajaron en la construcción de la carretera y los que andaban con bueyes, ya partieron. Solamente yo he quedado y no sé porqué no me muero”, reflexionó entre risas, porque si algo distingue su carácter es eso: la capacidad de reírse hasta de sí mismo.

Victorino vive a escasos 12 kilómetros de la Ciudad Colonial. En el centro de Nicoya, también viven Gabriel Briones, de 101 años, y Graciela Flores, de 105. Contrario a Victorino, a Gabriel y a Graciela el paso del tiempo ya le está cobrando un caro precio a la memoria.

Mas no por eso dejan de ser un símbolo de la longevidad que caracteriza a los pobladores de esta zona. Tanto así que estos dos personajes fueron objeto de un homenaje de la presidenta Laura Chinchilla el pasado 25 de julio. “En homenaje a quien, con una vida centenaria, ha sido ejemplo de los valores y principios del pueblo nicoyano”, rezan las placas de estos dos robles nicoyanos.

Esta es la zona con mayor longevidad del país. Lo descubrió el demógrafo Luis Rosero Bixby hace unos años, y lo ha venido confirmando la investigación de especialistas de todo el mundo que han venido a Nicoya para lograr dilucidar porqué hay gente que logra vivir más de un siglo. ( Ver recuadro)

Ya no es una rareza encontrarse con personas como Victorino. ¿Se acuerda cuando llegar a los 100 años era noticia de portada en los periódicos? Hoy no se puede decir lo mismo.

Según el Censo Nacional de Población del 2011, para ese entonces había 509 personas con cien años o más en el país. En el censo anterior (año 2000) se registraron 192 centenarios. En el 2007, se hablaba de 331 personas en esa condición.

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En la actualidad, según el último registro del Tribunal Supremo de Elecciones (TSE), que se está elaborando para las elecciones del 2014, hay 455 personas de cien años o más en el país (279 hombres y 176 mujeres).

Sin embargo, de acuerdo con cálculos de Rosero, partiendo de los padrones electorales del TSE, a mitad del 2011 Costa Rica podía tener 1.192 adultos de cien años o más.

“En el padrón para las elecciones presidenciales del 2010, había 454 centenarios para el día de la votación. De ese mismo padrón, y luego de descontar los fallecimientos, se obtienen 707 centenarios al 1.° de julio del 2011 (época del censo). Note la velocidad con que están aumentando en número.

“Pero la cifra verdadera es probablemente mayor que esta pues sabemos que una proporción no pone al día la cédula y es excluida del padrón. Si contamos a las personas que aparecen en el padrón del 2006 o del 2010 y que no aparecen como fallecidas, el número de centenarios en Costa Rica a mitad del 2011 ascendería a 1.192”, razona el demógrafo, quien se encuentra en Berkeley, California, Estados Unidos.

Vida de trabajo

Originario de Las Casitas de Nicoya, Victorino Fajardo Fajardo saca pecho al contar que la suya ha sido una vida de intenso trabajo: “Yo trabajé allá, en Las Casitas, con caballos y con bueyes, porque ese era el trabajo que me gustaba. Cuando me vine para Dulce Nombre, compré bueyes y me fui para Carrillo a trabajar con madera. También trabajé en la carretera de Puerto Jesús. Jalábamos Balastre (lastre) y zinc, palas, macanas... En ese entonces, no había carros y, a puros bueyes con la carreta, íbamos allá a hacer carga de los Chilos y a dejar. Era un trabajo pesado. Solo para hombres de verdad”.

Revisando los resultados de las investigaciones sobre longevidad, resalta la gran actividad física que estas personas tuvieron de jóvenes. Vea si no la vida de Victorino. “Nosotros nos íbamos en la mañanita; salíamos a las 2 de la madrugada de Las Casitas y llegábamos a Puerto Jiménez a las 12 del día. Casi todo el día caminando con bueyes hasta llegar al puerto”.

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Josefina Montero Herra también puede dar constancia de esto. Acaba de cumplir cien años (el 9 de noviembre pasado) y a quien la vea le costará calcular que aquella dama delgada y tan hábil para movilizarse tiene un siglo de vida. Ella vive hoy en el hogar de ancianos Santiago Crespo, en Alajuela, junto a su hermana menor, Ramona, de 83 años. Sus otros siete hermanos ya fallecieron.

Josefina nació en Santiago de Palmares, donde vivió en una casa grande y aprendió a trabajar en el campo desde bien temprano. Por eso, no fue a la escuela. Adolescente, trabajó fabricando puros, mas asegura que nunca fumó ni bebió “¡ni una cerveza!”

Siempre ha sido delgada, y se lo debe a una dieta basada en verduras, arroz, frijoles y carne. “He comido lo que se come cuando uno se cría en el campo: verduras, que había muchas, leche de vaca, y siempre he estado haciendo algo: si no es barriendo, es caminando”.

No se casó ni tuvo hijos porque, asegura, “nunca tuve vocación para el matrimonio”, aunque por ahí estuvo a punto de casarse con un tal Luis Barboza, uno de tantos enamorados a los que dejó con las ganas de hacerla su señora. No es sino hasta hace poco que padece de la presión y, según confiesa, no le duele nada. ¡Ni los huesos!

¿Qué cuánto quiere vivir? “Yo estoy dispuesta a vivir lo que Dios tenga planeado. Nunca le he tenido miedo a la muerte. Estando uno preparado, ¿para qué tenerle miedo? Joven, ni se piensa en la muerte”.

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Josefina y Victorino tienen muchas cosas en común, además de estas que hemos visto: a ambos, les gusta sonreír y, si pudieran divertirse más, lo harían. También tienen por costumbre rezar y hay quienes dicen que las personas habituadas a reflexionar o a meditar, viven más. “Yo siempre estoy feliz. Serio noooo, ¡Dios guarde! Era bravo solo con los animales. Les pegaba con una tajona a los caballos cuando no hacían caso y se ponían chúcaros”, recuerda Victorino soltando una risa.

Josefina, por su parte, empieza el día rezando, y no falta a la misa de diez que, dos veces a la semana, imparte el cura en la capillita del hogar. Además, reza el trisagio diariamente y se confiesa devota de María Auxiliadora y de San Juan Bosco.

Un siglo' y más

No es sencillo llegar a los cien y, menos, cumplir esa edad en buenas condiciones físicas o mentales. La mayor parte de los viejitos todavía fallece en el camino debido al cáncer, las enfermedades cardiovasculares y la demencia. Llegar a los cien, entonces, tiene su costo, aunque mejor llamémosle inversión.

“Se requiere una atención de salud integral y oportuna; medidas que prevengan la enfermedad y promocionen una vida saludable; y, sobre todo, una vida con acompañamiento presencial: que las personas tengan amigos, familia, cuidadores que velen por ellos”, dice Fernando Morales Martínez, director del Hospital Nacional de Geriatría y Gerontología Raúl Blanco Cervantes, y presidente del Consejo Nacional para la Persona Adulta Mayor (Conapam).

Gianni Pes, un geriatra e investigador italiano, de los muchos especialistas que han visitado el país en busca de explicaciones, le comentó a La Nación que encontrar las razones de por qué la gente vive tanto es hallar el modelo de un envejecimiento exitoso.

“Cuando se envejece, hay tres enfermedades de las cuales pocos ancianos logran escapar: las dolencias cardiovasculares, el cáncer y la demencia. Muchos mueren por complicaciones de estos males. Los centenarios pudieron superar estas enfermedades y los científicos creen que en sus genes están las respuestas para contrarrestar estas dolencias”, explicó Pes en el 2007.

Los elementos comunes que hasta ahora se han identificado entre los centenarios que logran traspasar el umbral del siglo con una buena calidad de vida está la presencia de lazos familiares fuertes, una nutrición basada en alimentos naturales, un buen manejo del estrés y la actitud: son personas muy positivas, alegres y con un propósito en la vida.

Desgraciadamente, la preparación para dar una mejor calidad de vida a los futuros adultos mayores del país la estamos haciendo a medias, advierte Morales. Aunque se ha venido trabajando en la red nacional de cuido, aún queda gente con poder de decisión política sin mucho interés o conocimiento sobre la necesidad de empezar a dirigir recursos hacia proyectos para apoyar a la población adulta mayor.

El informe mundial sobre el envejecimiento, que trascendió en octubre pasado, estima que, para el 2022, habrá mil millones de personas en todo el mundo de 60 años de edad y más y, para el 2050, habrá más adultos mayores de 60 años que individuos menores de 15 años. Se trata de una predicción demográfica tantas veces hecha pero que, hasta el día de hoy y a pesar de la evidencia que dan los números, pocos quieren entender.

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En la actualidad, los mayores de 60 años superan los 810 millones, según reveló el informe. “Las repercusiones sociales y económicas de este fenómeno son profundas ('), involucran a la sociedad en general y a la comunidad mundial”, se atrevió a decir en su discurso Ban Ki Moon, secretario general de las Naciones Unidas, quien, por cierto, cumplirá en este 2013, 69 años de edad.

Desde el 2009 se decía que los centenarios van a ser el segmento de población de mayor crecimiento en todo el mundo.

Las proyecciones lanzadas ese año por el Centro Centroamericano de Población (CCP) de la Universidad de Costa Rica, daban cuenta del aumento: desde el 2000, la cantidad de centenarios en el país subió un 300%, un crecimiento que continuará. En el 2050, se calcula que habrá casi 8.000 centenarios en el país, un 3.274% más que en el año 2000. En el otro extremo, menciona el CCP, la población de diez años o menos decrecerá hasta en un 22%, y el crecimiento de la población de treintañeros será apenas del 23%.

El primero y, hasta ahora, único informe sobre el estado de la persona adulta mayor en el país (2008) decía más: la población mayor de 65 años se duplicará cada 15 años, con un crecimiento mayor entre los adultos de 80 ó más, que son quienes demandarán más servicios, como planes de jubilación.

Entre recuerdos

Josefina se despierta antes de las 6 de la mañana; se baña sola (lo cual dice con orgullo como señal de su independencia), y se sienta a desayunar pinto con pan, queso y café con leche. “Me acuesto como las gallinas. A las 6:30 ya estoy entre las cobijas”, dice.

Por su parte, Victorino vive de sus buenos recuerdos: “Mi costumbre siempre fue sembrar lo que nos íbamos a comer. Yo cultivaba maíz, arroz, frijoles y criaba los animales. A mí no me puede faltar la tortilla, ¡me encanta! Recuerdo que en mis tiempos había muchos camarones, y tepezcuintles y venados en las montañas... ¡todo eso comía! Me gustaba ir a las fiestas de toros, pero para eso yo alistaba bien elegante mi caballo. Siempre le tenía su buena albarda, jáquima, frenos' ¡Ahhh! También me gustaba montar toros y me hace mucha falta montar a caballo”.

Ambos, viven el día a día y no como si fuera el último: lo viven como si fuera el primero.

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Ángela Ávalos R.

aavalos@nacion.com

Periodista

Periodista de Salud. Máster en Periodismo de la Universidad Complutense de Madrid, España. Especializada en temas de salud. 

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