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Artista oriundo de Monterrey

Roberto Carlos se juega el partido de su vida en el Circo del Sol

Actualizado el 06 de junio de 2013 a las 12:00 am

El único hispano en el show Varekai es un malabarista fiebre del fútbol , tanto que, cuando se gana una ovación, siente que anotó un gol. A sus 23 años, sabe que está en las grandes ligas de las artes circenses y no se conforma

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La misma alegría que siente un futbolista cuando anota un gol es la que vive el malabarista mexicano Roberto Carlos Carbajal cuando recibe el aplauso del público, tras impresionarlos con su número en el espectáculo Varekai, del Circo del Sol.

Este joven de 23 años trabaja con la prestigiosa compañía desde el 2011; él es el único malabarista del elenco y el único hispano en este espectáculo que se presenta en nuestro país, desde el pasado 31 de mayo, en Hacienda Espinal.

“Cuando salgo al escenario lo disfruto como si fuera un partido de fútbol; es muy padre. El aplauso del público es lo máximo; cuando terminas el show y la gente te aplaude sientes una energía similar a cuando se mete un gol. Es como ¡wow! (se queda sin palabras por un momento y retoma). Me siento superfeliz de hacer feliz a otra gente con mi trabajo”, aseguró el joven oriundo de la industrializada ciudad de Monterrey, quien proviene de una familia dedicada al circo.

Para disfrutar de este máximo placer, Carbajal comenzó a construir su carrera como malabarista a los 11 años, primero, con pequeñas prácticas, hasta que a los 16 ya se había convencido de que su futuro se construiría bajo una carpa multicolor.

Dos años después de esa decisión, a diferencia de otros colegas de su tierra, Carbajal se llenó de valor y se decidió a cruzar el charco.

Se fue a trabajar con grupos de Inglaterra, Francia e Italia, donde en medio de un festival, el Circo del Sol puso su mirada en él.

“Uno como artista de circo –mucho más en mi caso que formo parte de la cuarta generación de una familia que se dedica a esto– tiene el sueño de llegar lo más alto. En mi caso la referencia era el Cirque Du Soleil (Circo del Sol), pero nunca me imaginé que iba a llegar tan rápido a él”, comentó.

El artista añadió: “Me siento muy afortunado de estar aquí. A la audición a la que me invitaron a participar fueron grandes malabaristas de México y de todo el mundo y al que eligieron fue a mí”.

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Pan diario. Cuando se trabaja para el máximo representante del circo del orbe, el nivel de entrega y preparación se incrementa. Para ser uno de los mejores hay que merecerse el puesto.

Roberto lo tiene muy claro. Cada día se levanta, sale del hotel y se dirige a la carpa donde le esperan jornadas de ensayos y entrenamientos estrictamente ordenados.

“Venimos al circo independientemente de si tienes o no ensayo, porque el Cirque Du Soleil requiere que estés al 100 por ciento en todos los shows, así que tienes que estar constantemente detrás de tu acto. Esto se incrementa cuando haces malabares, porque aunque quizá no sea un número peligroso, es uno de los más difíciles que hay en el mundo del circo, pues si lo dejas de ensayar la práctica, se te va”, explicó.

Como parte de su preparación este joven dedica una buena cantidad del tiempo a hacer ejercicios cardiovasculares.

Pasados los ensayos y los entrenamientos, el camino antes de salir a escena comienza 90 minutos antes de la función. Ese es el momento de maquillarse y vestirse para la gran actuación.

“Unos 15 minutos antes de salir a escena, una de las cosas que hago es correr, porque eso ayuda a mi condición física y mi show así es como comienza: corriendo”, aseguró.

Además de su número como malabarista, Carbajal tiene, como el resto de sus compañeros, otras responsabilidades dentro del espectáculo. Una de ellas es apoyar a sus colegas en otros números, de la misma manera en la que otros le ayudan a él.

“El compañerismo es espectacular; uno podría pensar que rusos, chinos, mexicanos, brasileños no tienen nada en común, pero en el momento que estamos aquí atrás, todos somos una familia”, acotó.

¿Vivir del circo? ¡Claro! Lo que para muchos puede ser solo un sueño bohemio, para Roberto Carlos no es una idea descabellada: sí se puede vivir del circo.

Para él, una gran parte de la “mala fama” que ha girado en torno a esta profesión se debe a informaciones incorrectas que han circulado en los medios de comunicación.

“Hay mucha gente que confunde a los gitanos con la vida de los artistas circenses. Desgraciadamente, en México han hecho novelas y documentales donde mezclan las dos cosas y no tiene nada que ver una con la otra, lo que daña su imagen. Afortunadamente, ahora los circos de mi país deben contar con instructores certificados y eso ha mejorado las cosas”, destacó.

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Aunque en este momento de su vida Roberto Carlos Carbajal trabaja para el Circo del Sol, el artista sueña con más para su futuro.

Uno de sus grandes sueños es convertirse en empresario, en unos ocho o diez años. Su meta: tener su propio espectáculo.

A los muchachos que como él quieren vivir de este arte, les deja un consejo: “Nunca desistan de sus sueños, y a los padres de familia les digo que los apoyen, por cuando eso sucede pueden pasar muy buenas cosas”.

Eso sí, aclaró que aunque el aplauso y los viajes pueden ser un gran aliciente para querer involucrarse en este mundos, el estar lejos de la familia, los amigos y su país, es uno de los grandes sacrificios que tiene el artista circense.

“A los jóvenes les digo que si les gusta algo que entrenen y se maten haciéndolo, porque, tarde o temprano, llegan los resultados y mira que sí llegan (se señala). Otra cosa muy importante es que no se fijen en los demás, siempre véanse a sí mismos; no hagan las cosas porque otro lo hace mejor, sino por tener siempre las propias metas”, concluyó.

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