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Retrato delexpresidente

Actualizado el 15 de junio de 2013 a las 12:00 am

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Mayo de 2014. La pegajosa Laura no está, Laura se fue suena de nuevo fuerte y alegre en la radio. Pero alguien más viene para la silla caliente. Partiendo del cándido supuesto de que el próximo presidente de la República quiera realmente hacer algo por el país –es decir, que tenga una pizca de estadista dentro de perfil político– quizás estas bienintencionadas líneas sugieran elementos para un mejor gobierno. Entonces, y sin necesidad de la sonrisa que demanda el bolero, le hacemos tres regalos que le guíen en su labor: son “prioridades”, “ timing ” y “autoridad”.

Prioridades: ¡Cuántas cosas por hacer! El flamante presidente tendrá enfrente una tarea hercúlea. Comparativamente, el héroe mítico “comió jamón”. Estos establos ticos están mucho más sucios y la hidra criolla tiene más cabezas (y cabezonadas). La clave son entonces las prioridades. Señor presidente entrante: escoja unos pocos temas clave, sus propios “trabajos”, muy pero muy pocos. Su plan de gobierno no es solo un panfleto de campaña. Es su guía, su compromiso y su brújula. Olvídese pues de los mamotretos de trescientas páginas. Usted debería poder resumir y explicar lo esencial en un par de páginas, como en un acta de constitución de proyecto. Aplique Paretto (principio 80/20) y una vez definidas las prioridades, ponga “toda la carne en el asador”. ¿Qué le parece enfocarse en infraestructura? Un combo ruta 1 más Circunvalación más tren, suena bien. ¿Algo para salud? Haga una realidad el expediente digital de la CCSS. ¿Una flor en el ojal? Como una antesala a la reforma fiscal, disminuya en un 50% la evasión: apriétele los tornillos a Tributación. Bueno, usted decida, pero defina, asigne responsables y deles seguimiento semanal (marca personal, dirían en fútbol) a estos temas clave. ¿Y el resto? Delegue en gente capaz que pueda sostener el statu quo : se quedarán para después. Prioridades, señor presidente, no se haga “bolas”.

Timing : Discúlpese el anglicismo, pero “oportunismo” o “sincronización” no terminan de cuadrar con la idea en cuestión. Más allá de vocablos, el tema es que en nuestro tropical medio, los cuatro años de gobierno son solo un espejismo. El primero es de “calentamiento” y el último de “precampaña”. Sugerencia: trabaje por fases. Desde ya, defina las obras de infraestructura por realizar. Si es necesario, divídalas por partes (y vencerá). La tramitomanía se llevará el primer año. El segundo y tercer años serán para iniciar las obras y dejarlas lo más avanzadas posible. En el cuarto, se podría eventualmente cortar cintas y poner placas, en tanto no sea en un parqueo. Las otras áreas (salud, fiscal, otra que Ud. decida) pueden llevarse en paralelo; lo cual tampoco implica necesariamente empezar y terminar todo a la vez. En fin, no se trata solo de tener una lista de pendientes, sino de asignarles un orden y metas en el tiempo, ajustándose a la realidad del ciclo de gobierno nacional.

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Autoridad: El nuevo presidente quizá no se haya detenido a pensar en los principios básicos. Quizás convenga asomarnos al diccionario. Gobernar es (sic RAE) “Mandar con autoridad o regir algo. Dirigir un país o una colectividad política. Guiar y dirigir.” Aquí la palabra clave para el lozano dirigente es “autoridad”. Resulta que la autoridad no viene del puesto ostentado – ese es el poder duro, el cual se desgasta rápidamente–. La autoridad viene de ser, saber y servir. Siendo así, aléjese de todo lo que “huela a podrido” en Dinamarca y en Costa Rica. Por ejemplo, últimamente apesta a petróleo refinado. Analice. Ayúdeles a su gabinete y a su gente a conseguir las metas planteadas: su rol es el de trazar rumbo, remover obstáculos y asegurar el eficiente entendimiento entre las partes. Y olvídese del autobombo: que sus obras sean su carta de presentación. La persona que le calentó la silla nunca aprendió esa lección.

Le dejamos aquí los tres regalos –no serán cielo, luna y mar–, pero quizá le ayuden un poco. En breve, se trata de planificar algo realista y bueno para nuestra amada patria, y hacerlo.

Piénselo, señor presidente en ciernes: su legado será juzgado por la historia, la cual juzga con muchísima mayor inquina que el retratista para el Salón de Expresidentes. Pregúntele a Dorian Gray, o a algunos de los“ex”: una sonrisa eterna y lozana puede costar la reputación' y hasta el alma. Amén.

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