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Relevo generacional

Actualizado el 16 de octubre de 2012 a las 12:00 am

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Tengo 41 años y necesito que alguien me explique qué fue lo que pasó. Veo fotografías de la Costa Rica de los años sesenta y setenta y no entiendo adónde se fue ese país. La verdad, creo que es un problema generacional, es más, estoy convencido. Me parece que, en Costa Rica, toda una gran generación nos ha quedado debiendo, y mucho. Le voy a poner nombre y apellidos, los nacidos en los años cuarenta y cincuenta. Esas generaciones, definitivamente, nos salieron “malitas” para los temas públicos y políticos. En la teoría, desde los ochenta les tocaba asumir el control de la cosa pública, y los resultados están a la vista.

He tenido la oportunidad de conocer mucha gente de esas generaciones. Todos muy talentosos, personas con una gran capacidad, con logros personales, académicos y empresariales dignos de aplaudir. Pero ¿y en los temas públicos? Sinceramente, fatal. Y ¿por qué fatal? La respuesta es sencilla. Son generaciones egoístas, que no han logrado trabajar en equipo por un país, donde lo importante es satisfacer sus propios egos. Todavía hoy vemos casos de gente que dice: “con ese no me reúno”, “si aquel está no participo”, “voy pero con una condición”. Además, son las generaciones que trataron de controlar todo, se les ocurrió crear una cantidad de leyes que lo único que han logrado es entrabar al país. Han tenido en sus manos un tema como el del reglamento de la Asamblea Legislativa, y ¿qué ha ocurrido, qué han hecho? Absolutamente nada. No les sirve reformarlo porque arriesgan poder; siempre anteponiendo el interés personal sobre el colectivo.

Por supuesto existen excepciones con resultado positivo, pero en la balanza nos quedan debiendo. Nunca lograron tomar decisiones que beneficiaran a todos sin importar de donde vinieran. ¿Dónde están las grandes obras y las grandes reformas de esas generaciones? ¿Dónde están los ejemplos que en infraestructura, por poner un caso, esas generaciones nos han heredado? Más bien, hoy tenemos instituciones debilitadas, una Caja quebrada, un MOPT inútil y un sistema entrabado y poco funcional.

Con este panorama tan claro, me parece que llegó el momento del relevo, llegó el momento de que estas generaciones acepten su responsabilidad y dejen el camino abierto para que una nueva “camada” tome el control. Todavía, por ejemplo, escucho gente tratando de recuperar al “viejo” Liberación Nacional y sus ideologías. Me pregunto: ¿a quién le importa de dónde vengan las soluciones si estas son efectivas? Pueden venir de la derecha, izquierda, centro, arriba o abajo: el tema es que funcionen. Estamos claros que a todos nos interesa lo mismo: oportunidades, oportunidades y oportunidades. Oportunidades de trabajo, de educación, de desarrollo personal y cultural, de progreso sostenible con el ambiente, etcétera. Eso es lo realmente importante y no esas trasnochadas discusiones sobre ideologías.

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Creo que llegó la era del pragmatismo. Nuestras generaciones son más simples, no arrastran esas historias de lucha partidaria, son menos rencorosas y más prácticas. Nuestras generaciones tienen un concepto mucho más claro y uniforme sobre el medioambiente y lo importante de su protección, a nadie de nuestra época se le ocurre arriesgar nuestra biodiversidad por lograr desarrollo. Nadie cuestiona los derechos individuales, las preferencias sexuales o algo tan básico como la posibilidad de generar vida por medio de la fecundación in vitro. Cuánto tiempo nos ahorraríamos, cuántas horas de discusión estéril dejaríamos de lado para dedicarnos a lo realmente importante; hablar de educación, de tecnología, de energías renovables, de reciclaje y de participación efectiva de la sociedad en la toma de decisiones.

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