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Crítica de cine

Reino secreto

Actualizado el 19 de mayo de 2013 a las 12:00 am

Quimera lúcida. Esmero como fábula

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wvenegas@nacion.comLos niveles de expresión estética en la película animada El reino secreto (2013) son seductores, fascinantes, absorbentes y demás sinónimos. Se trata de una película que cala en la retina y deja una marcada huella en la memoria visual del espectador. ¡Filme elegante!

Esta película nos llega de la mano del director Chris Wedge, más conocido por la saga La era de hielo (2002, 2010 y 2012). Es posible que El reino secreto sea, hasta ahora, su punto más alto y también el de Blue Sky Studios.

Su estilo es envolvente hasta el detalle. Exhibe un trato muy fino de la animación por ordenador y de la fotografía de alta resolución. Incluso, su tercera dimensión (3D) magnifica bien la profundidad y el movimiento acelerado de algunas de las secuencias (sobre todo porque la acción sucede en bosques montañosos).

El problema del 3D, otra vez, es el oscurecimiento de la imagen que, en este caso, es colorida, brillosa y con una gama cambiante de colores muy vivaces (el mundo del bien) a otros más grisáceos (el mundo del mal). Me quedo con la versión tradicional del 2D porque es mucho más acogedora.

Si la película no obtiene la máxima calificación, el asunto no está en la glosa plástica (lo visual), sino en la conducción del relato: este pierde muy fácilmente el ritmo encendido de las escenas de acción, lo que va en detrimento del cálculo de los tiempos narrativos en dichas secuencias.

En todo caso, así como Roland Barthes manifestó que “uno escribe con su cuerpo”, este filme está escrito con la magnificencia y belleza de sus imágenes. La trama se basa en la novela del ilustrador William Joyce, titulada The Leaf Men and the Brave Good Bugs . También de un texto de Joyce nos vino, hace poco, otro buen filme animado: El origen de los guardianes .

El argumento narra la lucha entre las más distintas fuerzas del bien, quienes defienden la conservación de la Naturaleza, contra las fuerzas del mal, cuyo objetivo es romper la armonía universal. El filme defiende, en todo momento, que el Universo es la suma de relaciones entre sus componentes.

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Un día, por un calculado arte de magia de parte de Tara, bella y botánica reina, una adolescente, Mary Katherine, se ve reducida en su tamaño y llevada hasta este recóndito y amplísimo cosmos. Aquí conoce a los bondadosos Hombres Hoja, guerreros de élite, y a un conjunto de seres asombrosos. Es cuando el filme vierte lo mejor de su moraleja ecológica.

Con personajes bien pensados y mejor diseñados, de logradas texturas animadas, el filme logra establecer una esclarecida y simpática relación entre los sujetos principales y los secundarios. Lo hace al mejor estilo de la escudería Disney, de donde viene la mayoría de artistas que, en su momento, conformó Blue Sky Studios.

Desde el comienzo, nos vemos atrapados por la fascinación visual, de aguzado estilo contemplativo aún en las secuencias de mayor dinamismo. Texturas y paletas, fondos e imágenes principales, colores y sombras, como se mire, ese mundo oculto deja de serlo para el espectador cuando se abre desde la generosidad de su fábula (sabias moralejas y diálogos inteligentes).

La música de Danny Elfman se comporta a la altura, con el temple propio de dicho compositor. La película El reino secreto lleva su estilo animado a la más aguda imaginación. Así, recrea una realidad que, aunque uno no la haya visto, no significa que no existe. Es un acto de fe. En las dos ocasiones que vi esta cinta, los niños y niñas la disfrutaron montones. Se sentía en el ambiente.

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William Venegas

Crítico de cine y teatro

Filólogo y educador. También estudió Teatro, Estética, Historia del Arte, Filosofía del Arte y Semiótica para hacer lo que quería: crítico de cine y teatro. Fue profesor de Literatura y Apreciación Cinematográfica en la UNA. Escribe para La Nación desde 1991.

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