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Ratifico mi apoyo al indulto

Actualizado el 20 de diciembre de 2012 a las 12:00 am

Una persona que mata a otra por robo, no debería ni ser procesada

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He apoyado sin calificaciones el indulto otorgado a un privado de libertad porque, ante lo que él percibió como una amenaza a su hija, disparó varios tiros, uno de los cuales impactó en la espalda a una de las dos personas que estaban violando su propiedad y rondando su casa. El receptor del disparo puede alegar otra cosa y algunas voces interesadas del mundo de la política, pueden, malévolamente, distorsionar los hechos y hablar de “robo de limones”, “asesinatos” y de “cinco tiros” en el cuerpo del intruso. Pero le creo menos a la persona que anda metiéndose en propiedades ajenas y merodeando de manera sigilosa y delincuencial en casas que no son la suya, que a la persona que no anda por ahí en actos indebidos y que es reconocida como honesta y trabajadora por sus vecinos.

Esta posición me ha granjeado el repudio de muchas personas. A algunas he decepcionado; otras han encontrado nuevas razones para rechazarme. No aspiro a la presidencia, por lo que esta pérdida de apoyo y reconocimiento no tiene consecuencias en términos políticos. Pero debo confesar que como persona prefiero ser querido que rechazado, por lo que me preocupan las reacciones generadas por mi posición ante este tema. A pesar de ello, no puedo, so pena de ser deshonesto conmigo mismo, cambiar esa opinión, ni siquiera calificarla, adobarla o dimensionarla de modo alguno.

Utilizar cualquier medio para proteger a una hija de cualquier peligro, así como defender la vida, la propia y la de otros, es una obligación. Conozco el caso de pequeños finqueros, honrados y trabajadores de sol a sol, quizá endeudados, que terminan arruinados por el robo de su ganado, por lo general llevado a cabo por comerciantes que, en muchos casos, son todo menos pobres.

Al que le ha costado mucho trabajo y austeridad lo que tiene, debe experimentar una rabia incontrolable cuando encuentra sus novillos en el camión del ladrón, cuando le roban las ganancias de una noche de trabajo o cuando le roban dinero y mercadería, tal y como les ha ocurrido a muchos finqueros, taxistas y pulperos, respectivamente. El sistema no debería castigar si en esas circunstancias las personas afectadas reaccionan de manera violenta.

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Desde hace más de un año he visitado en la cárcel y estado en contacto con un pequeño finquero que ante el robo recurrente de su ganado se vio involucrado en un hecho intempestivo y violento, el cual terminó en la muerte del ladrón y en 20 años sin libertad para el finquero.

Es una de esas personas que jamás deben estar en la cárcel, pues de criminal o amenaza para la sociedad tiene lo que yo tengo de profesor en Física termonuclear. Ese finquero nunca debió haber sido ni siquiera procesado y menos confinado a la cárcel por buena parte de su vida (a un costo muy elevado para el Estado).

Como resultado del indulto al señor Arias, espero que los parientes y abogados de privados de libertad por hechos comparables, pidan también su indulto. Doña Laura Chinchilla no podrá negar esa posibilidad con el antecedente ahora establecido.

Si el caso en discusión deriva en una avalancha de libertad a favor de personas honestas y trabajadoras, el país habría ganado.

En general deben ser los violadores, golpeadores de mujeres, narcotraficantes y ladrones los que estén en la cárcel (tanto los ladrones de lo privado como los ladrones de lo público, a cuyas acciones pintorescamente se les llama corrupción). Pero no las personas de bien que son llevadas a situaciones difíciles ante amenazas flagrantes a su vida, a la de sus familias o a sus bienes.

En fin, ratifico mi opinión, la que tanto malestar ha causado, sobre el tema del indulto. Reitero que si hubiese llegado a ser presidente, hubiese hecho todo lo posible para indultar a cuanta persona se encuentre en la cárcel por hechos y circunstancias similares a los que rodean el caso del señor Bernal Arias.

Estos días he recordado los ataques que he recibido de palabra y por escrito en muchos casos; por ejemplo, cuando declaré en el año 2001 que favorecía la fecundación in vitro, o cuando, a pesar de encuestas de opinión totalmente favorables al TLC, dije que me opondría si se mantenía tal y como fue negociado, o cuando declaré hace varios años que favorecía la ley de sociedades de convivencia.

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También he recordado la ferocidad de buena parte de la opinión pública cuando el año pasado me aboqué a buscar acuerdos y a trabajar por el plan fiscal con las condiciones propuestas por la fracción del PAC, o el enojo de las huestes liberacionistas cuando siendo diputado del PLN atacaba la corrupción y los abusos de parte de la cúpula de ese partido.

Recordando esos momentos de repudio social, me pregunto si volviendo a nacer actuaría ante esos temas de manera similar. Contundente me respondo que SÍ. Por ello, ante las personas que me han querido y ahora están decepcionadas, solo puedo decirles gracias por su aprecio hasta este momento, pero no puedo hacer más que lamentar perderlo.

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